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El MICE ante su gran decisión: volumen o valor

El MICE ante su gran decisión: volumen o valor

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Cristina Munoz
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Contribución externa, por Juan Ignacio Collado Sanz, CEO de Imagine Events y presidente de IdeMICE

La industria MICE atraviesa uno de los momentos más interesantes, y a la vez más decisivos, de su historia reciente. Tras años de crecimiento, adaptación y resistencia, hoy nos encontramos ante una pregunta que ya no admite respuestas superficiales: ¿qué papel queremos que juegue realmente el MICE en la estrategia económica y empresarial de nuestro país?

Durante mucho tiempo, el debate se ha centrado en el volumen: número de eventos, asistentes, pernoctaciones o impacto económico inmediato. Indicadores necesarios, sin duda, pero insuficientes para explicar el verdadero valor del MICE en un contexto donde las empresas, los destinos y las instituciones se enfrentan a retos mucho más complejos.

Hoy el MICE no puede medirse solo por lo que mueve, sino por lo que provoca

Las empresas utilizan los eventos, congresos, convenciones o viajes profesionales para algo más que reunirse. Los utilizan para alinear equipos, reforzar cultura corporativa, impulsar ventas, fidelizar talento, generar conocimiento y construir relaciones duraderas. El MICE es, cada vez más, una herramienta estratégica al servicio de decisiones empresariales.

Sin embargo, el sector corre el riesgo de quedarse atrapado en una lógica puramente operativa: hacer más, más rápido y, en ocasiones, más barato. Esa carrera hacia el volumen puede generar actividad a corto plazo, pero debilita el posicionamiento del MICE como aliado estratégico de empresas e instituciones.

El verdadero desafío no es crecer sin límite, sino crecer con sentido

Eso implica elevar la conversación: pasar de hablar solo de logística y ejecución a hablar de impacto, propósito y resultados. Implica también una mayor profesionalización, una mejor comprensión de las necesidades reales de las empresas y una capacidad clara para traducir objetivos estratégicos en experiencias con valor.

El MICE del futuro, que en realidad ya es el MICE del presente, no será el que más eventos organice, sino el que mejor entienda para qué sirve cada uno de ellos. El que sepa responder a preguntas incómodas, pero necesarias: ¿qué aporta este evento a la organización?, ¿qué cambia después?, ¿qué legado deja en las personas, en el territorio o en la empresa?

En este contexto, el papel de las asociaciones sectoriales, (como I de MICE) las instituciones y los profesionales cobra una relevancia especial. No se trata solo de defender intereses, sino de liderar una evolución. De ayudar a empresas y administraciones a comprender que el MICE no es un fin en sí mismo, sino una palanca para generar valor económico, social y empresarial.

España cuenta con un ecosistema MICE sólido, reconocido internacionalmente y con un enorme potencial. Pero ese potencial solo se consolidará si apostamos por un modelo basado en la calidad, la estrategia y el impacto, y no únicamente en el volumen.

El MICE tiene hoy la oportunidad —y la responsabilidad— de demostrar que es mucho más que un sector operativo. Es una industria que conecta personas, activa conocimiento, impulsa territorios y acompaña a las empresas en momentos clave de su evolución.

La decisión está sobre la mesa. Y no es una decisión menor.

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