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La IA deja de ser apoyo y se convierte en eje transversal
La IA ya no es un extra ni una ventaja competitiva: en 2026 pasa a formar parte estructural de los flujos de trabajo en marketing y medios. Planificación, compra, optimización, producción creativa y reporting se aceleran, se automatizan y se escalan.
La promesa es clara: menos fricción operativa, más velocidad, más iteraciones y más tiempo para tareas de alto valor que requieren criterio humano. Pero también aparece la tensión: la IA no es autónoma. En creatividad y análisis, la supervisión humana sigue siendo intensiva e indelegable.
¿En eventos? La IA puede optimizar procesos, timings, producción de materiales, análisis de públicos o reporting post-evento. Pero la idea, la emoción, el contexto y la lectura cultural siguen siendo radicalmente humanas. El riesgo no es usar IA; el riesgo es delegar el criterio.

El algoritmo como nueva audiencia a la que convencer
Uno de los giros más interesantes del informe es este: la IA no solo ayuda a planificar, también decide. Los consumidores usan cada vez más asistentes para descubrir, comparar y elegir productos. La planificación de medios se desplaza hacia un nuevo objetivo: influir en las recomendaciones que genera la IA.
Las marcas tendrán que garantizar que están presentes en los contenidos de los que aprenden los modelos. En otras palabras: convencer al algoritmo. Aquí entra en juego la Optimización para Motores Generativos (GEO): contenido claro, estructurado, comprensible para máquinas y coherente en el tiempo.
¿En eventos? Los eventos dejan rastro. Contenido, testimonios, casos, vídeos, artículos, conversaciones. Todo eso alimenta a la IA. Un evento que no genera contenido estructurado, entendible y reutilizable es invisible para el algoritmo. El experiencial ya no solo emociona a personas: también tiene que “explicarse” a la IA.

Medición: menos métricas, más coherencia
La necesidad de medir no es nueva, pero en 2026 se vuelve urgente. No para justificar inversiones, sino para poner orden en un ecosistema fragmentado donde cada indicador cuenta una historia distinta.
La AEA apunta hacia modelos más simples, comparables y orientados a resultados reales, alineados con el proyecto de medición cross-media: datos neutrales, auditados y útiles para decidir. Menos capas, más integración, más gobernanza del dato.
¿En eventos? El gran reto histórico del marketing experiencial. Medir más allá de la asistencia, del impacto mediático o del “gustó mucho”. La tendencia apunta a integrar eventos dentro de modelos globales de medición, conectando experiencia, contenido, datos propios y resultados de negocio. No medir eventos como una isla, sino como parte del sistema.

Datos propios, privacidad y personalización real
Con regulaciones más estrictas y consumidores más conscientes, el futuro pasa por datos first-party, consentidos y transparentes. Menos dependencia de terceros, más control y más responsabilidad.
La publicidad será más personalizada, sí, pero también más respetuosa. El reto está en ofrecer valor real a cambio del dato.
¿En eventos? Los eventos son una de las fuentes más potentes de datos propios: inscripción, interacción, feedback, comportamiento. Bien gestionados, permiten personalización real y relaciones duraderas. Mal gestionados, son una oportunidad perdida.

Inversiones, formatos y el valor del contexto
La inversión publicitaria se mantendrá estable, pero los formatos siguen mutando. Digital crece, social commerce se consolida, el vídeo corto domina, el audio gana peso y la Connected TV se expande. En paralelo, los medios tradicionales y especializados recuperan valor como entornos de confianza y seguridad de marca.
¿En eventos? El evento no compite con los medios: se integra. Se convierte en contenido, en contexto, en entorno de credibilidad. En un ecosistema saturado y rápido, la experiencia física (o phygital) aporta profundidad frente a lo efímero.

Un consumidor más exigente… y más humano
El consumidor de 2026 busca calma, control, bienestar y coherencia. Desconfía del ruido, valora la transparencia y se refugia en microcomunidades donde sentirse parte de algo significativo. Celebra pequeños logros y aprecia las marcas que acompañan, no que interrumpen.
¿En eventos? Experiencias que reduzcan fricción emocional, que aporten refugio, disfrute o pertenencia. Eventos más inmersivos, más personalizados, más honestos. Menos espectáculo vacío y más conexión real.

Perfiles profesionales más híbridos
El marketing avanza hacia modelos integrados y pluridisciplinares. Media, creatividad, data, tecnología y producción se alinean. Crecen los perfiles híbridos, las fusiones y la concentración de compañías. El marketing de influencia y lo social nativo ganan peso, con lógicas muy distintas a las tradicionales.
¿En eventos? Equipos más transversales, donde la producción convive con data, contenido, tecnología y estrategia. El evento deja de ser el final del proceso para convertirse en una pieza central del ecosistema de marca.

En resumen
Las tendencias 2026 de la AEA no hablan de futurismo, sino de orden. Orden en la medición, en el uso de la IA, en la relación con el consumidor y en la forma de demostrar impacto real.
Para el marketing experiencial, el mensaje es claro:
la experiencia sigue siendo clave, pero tendrá que explicarse mejor, medirse mejor y dialogar tanto con personas como con algoritmos.






