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¿Tendrías una cita en un bar con la IA? 

¿Tendrías una cita en un bar con la IA? 

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A veces leemos noticias que, si se las contáramos a nuestros abuelos, se santiguarían antes de terminar el titular. Para quienes crecimos creyendo en cartas manuscritas, mixtapes y miradas largas en la sobremesa, algunas campañas de San Valentín también nos descolocan un poco.

Este año hemos visto de todo. Pikolin apagó las pantallas de Callao durante unos minutos para recordarnos que la conexión real vale más que cualquier impacto digital. Cines Callao probó el cine dating, mezclando película y posibilidad de encontrar pareja en la butaca de al lado.  

Y, sin embargo, la inteligencia artificial también quiso su momento bajo las velas. 

Una cita con copa de vino frente a un algoritmo 

EVA AI, una plataforma que crea acompañantes virtuales personalizados impulsados por inteligencia artificial, abrió en Nueva York un bar efímero para que las personas tuvieran citas presenciales con sus acompañantes virtuales. No era una campaña digital más. Era un espacio físico, con mesas para dos, soporte para smartphone en el centro, auriculares inalámbricos y ambiente cuidado hasta el último detalle. Luz tenue, diseño elegante, vino servido. Frente a ti, tu cita. En pantalla.  

Durante dos noches, influencers y periodistas se sentaron a conversar con personajes creados por IA. La herramienta reconocía el entorno, comentaba el lugar y, encima, te daba conversación. Ideal para quienes se quedan en blanco en la primera cita o no saben muy bien qué decir después del clásico “¿a qué te dedicas?”. Algunos acudían por pura curiosidad tecnológica. Otros, para probar hasta dónde podía llegar esa sensación de ser comprendido sin interrupciones, sin juicios, sin silencios incómodos. 

Como activación, es brillante. Convierte una tendencia digital en una experiencia tangible. No vende código, vende narrativa. En el sector eventos lo sabemos bien. Cuando una marca logra que el público se siente, sienta y comparta, ha ganado mucho más que impresiones. Ha ganado conversación cultural. 

@eva.ai.app

We’re all so used to the dating app cycle—swiping for hours, getting ghosted, and dealing with 3-5 business day text backs. Seeing people actually vibe, laugh, and have a deep conversation with their AI companions in Eva AI Café made me realize the «rules» of dating are officially dead. Sometimes the most consistent person in your life is the one on your screen, and that’s okay. No games, no small talk, just someone who actually gets you. 💜 If you’re tired of the drama, come see what the hype is about. Download Eva AI. #relationships #relationshipgoals #dating

♬ original sound – Eva AI app – Eva AI app

Cuando los formatos evolucionan con la sociedad 

Porque de eso va esto. Los formatos evolucionan al ritmo de la sociedad. Antes el romanticismo era una carta perfumada. Después una app de citas. Ahora puede ser una copa de vino frente a un algoritmo. Los eventos ya no solo presentan productos. Exploran tensiones sociales. Y esta tensión es potente. 

Ahora bien, más allá del impacto y la foto bonita, conviene mirar el contexto. El Barómetro de la Soledad No Deseada en España 2024, elaborado por Fundación ONCE y Fundación AXA, señalaba que una parte relevante de la población reconoce sentirse sola con frecuencia, especialmente jóvenes y personas mayores. En paralelo, el informe Juventud en España 2024 del INJUVE apunta que la generación más joven socializa mayoritariamente en entornos digitales y declara niveles crecientes de malestar emocional. 

En ese escenario, que alguien encuentre compañía en una conversación virtual ya no suena tan extravagante. Para algunos funciona como un parche contra la soledad. Para otros, como un pequeño gimnasio emocional donde practicar sin miedo al ridículo. Incluso puede convertirse en una puerta de entrada hacia interacciones más seguras en el mundo real. También puede convertirse en refugio excesivamente cómodo si sustituye por completo el contacto humano.

La mirada de otra generación

La pregunta no es si el mundo está perdiendo la cabeza. La pregunta es qué necesidad está cubriendo este tipo de propuestas. 

Si mi abuela leyera esta historia, probablemente diría que el amor no cabe en una pantalla. Y quizá tenga razón. Pero también es cierto que cada generación encuentra sus propios rituales para no sentirse sola. 

Tal vez dentro de unos años estas citas con IA nos parezcan una moda pasajera. O tal vez se integren con naturalidad en el paisaje de experiencias híbridas que ya estamos construyendo. 

Mientras tanto, en algún lugar, alguien brinda frente a su móvil y siente que le entienden. ¿Nos estamos volviendo locos o simplemente estamos reinventando la manera de no sentirnos solos? Puede que a mi abuela todo esto le parezca ciencia ficción, o puede que, si lo piensa dos veces, entienda que en el fondo seguimos buscando lo mismo de siempre, que alguien nos mire, aunque sea desde una pantalla, y nos haga sentir un poco menos solos.

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