Visitamos Turbo, la nueva agencia que llevó la traición de Figo al banco digital

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Bertus y Jai: dos caminos que se cruzan en Turbo
Antes de hablar de campañas, conviene hablar de quién está detrás. Turbo está fundada por dos perfiles muy distintos, y precisamente ahí está buena parte de su identidad.
Albert Vilar, más conocido como Bertus, viene de una trayectoria marcada por la creatividad publicitaria. Pasó por agencias como SCPF y &Rosàs, donde se formó en entornos muy vinculados a la construcción de marca, los grandes conceptos y la publicidad estratégica. Después llegó VICIO, donde fue el primer empleado no cocinero y lideró la dirección creativa durante una de las etapas de mayor crecimiento de la marca.
Jai Dadlani, por su parte, aporta una mirada más estratégica, analítica y de negocio. Su trayectoria pasa por compañías como Danone, Glovo, AliExpress, Netflix y VICIO, donde trabajó en áreas de growth, marketing y expansión. En la presentación contó cómo, al principio, su visión más numérica chocó con la aproximación creativa de Bertus. Uno defendía la importancia de amplificar las campañas con medios; el otro, que no tenía sentido hacer cosas que viera todo el mundo si esas cosas no merecían ser vistas.
De esa tensión nace parte del ADN de Turbo: creatividad y rendimiento, intuición y dato, idea y negocio.


Cuando el nuevo lujo es sentarse en una oficina y hablar sin artificios
Durante años, las presentaciones de prensa han vivido instaladas en la lógica del gran formato: convocatorias multitudinarias, escenografías medidas al milímetro, discursos perfectamente empaquetados y notas de prensa listas para ser replicadas. Todo muy correcto, muy eficiente y, a veces, demasiado previsible.
Por eso, encontrarse con una agencia en su propia casa, conocer a sus fundadores, ver cómo trabaja el equipo y escuchar de primera mano cómo piensan sus campañas tiene algo de regreso a lo esencial. O quizá, en un sector saturado de impactos, sea justo lo contrario: el nuevo lujo.


Una agencia que nace contra la indiferencia
Turbo parte de una premisa sencilla: las marcas ya no pueden permitirse ser aburridas. En un contexto en el que el consumidor recibe estímulos constantes, la agencia plantea la creatividad como una ventaja competitiva, no como una capa estética añadida al final del proceso.
Su manera de trabajar se apoya en tres ideas: coherencia, concepto y empatía. Coherencia para construir una marca reconocible, concepto para que la idea pueda crecer en distintos formatos y empatía para entender que cualquier campaña compite con todo lo demás que aparece en el algoritmo del usuario.
Dicho de otra forma: no se trata solo de llamar la atención, sino de tener algo que decir cuando se consigue.
Tres campañas para entender cómo piensa Turbo
Durante la presentación, Jai y Bertus compartieron algunos de los proyectos que han desarrollado para marcas como Revolut, ARQ o La Menorquina.
Revolut y Luis Figo: cambiar de banco como cambiar de equipo
Uno de los proyectos más comentados fue la campaña de Revolut con Luis Figo. La idea partía de un insight muy local y reconocible: el histórico fichaje del jugador del FC Barcelona por el Real Madrid. Turbo lo convirtió en una metáfora sobre cambiar de banco bajo el claim “Hazlo por tu dinero”.
La lectura creativa es interesante porque no se limita a utilizar a un famoso como reclamo. Usa una tensión cultural preexistente, cargada de memoria colectiva, para hablar de una decisión financiera. El cambio de equipo se convierte en cambio de banco; la polémica futbolística, en conversación sobre dinero; y el guiño generacional, en una forma de conectar con un público más adulto.
ARQ: cuando una fintech decide dejar de sonar a fintech
Otro caso destacado fue el relanzamiento global de ARQ, antes DolarApp, una compañía financiera con presencia en mercados como México, Brasil, Argentina y Colombia. El reto era elevar la percepción de marca, alejarse del lenguaje técnico habitual de muchas fintech y construir un imaginario más premium.
La idea creativa giró alrededor de la libertad financiera: dinero que traspasa fronteras. En lugar de insistir únicamente en porcentajes, comisiones o beneficios racionales, la campaña buscó una traducción visual y emocional del servicio. Si el usuario puede moverse por el mundo, su dinero también debería poder hacerlo.
La producción, de estética cinematográfica y protagonizada por Bruna Marquezine y Diego Boneta, apuntaba precisamente a ese cambio de categoría. Y ahí aparece uno de los detalles más interesantes del proceso: para simular el movimiento del dinero en el aire, el equipo estudió el vuelo de los pájaros y sus migraciones, buscando que los billetes no parecieran simples efectos visuales, sino una especie de bandada con lógica propia. Una decisión casi invisible para el espectador, pero muy reveladora de la ambición del proyecto: no se trataba solo de explicar una funcionalidad, sino de construir confianza, aspiración y escala para una marca que quiere competir en un territorio donde la percepción de seguridad pesa tanto como el producto.
La Menorquina y Punky: nostalgia, comunidad y un falso drama muy bien aprovechado
El caso de La Menorquina fue quizá uno de los más divertidos de la presentación. El punto de partida era recuperar su espíritu de invención, ligado a la figura de Fernando Sintes, fundador de la compañía, y a productos icónicos como el limón helado, la naranja helada, el coco helado o el mítico Punky.
La campaña de Punky jugó con una premisa sencilla: anunciar la supuesta baja definitiva del helado del catálogo y activar una reacción popular alrededor de su regreso. Ahí apareció Marc Pujol, un fan real —tan real que ya llevaba tatuado a Punky antes de la campaña— convertido en personaje narrativo, que lideró una especie de protesta digital para salvar el producto.
Lo interesante aquí no es solo la nostalgia, sino cómo se gestionó. La campaña no trató el recuerdo como una postal antigua, sino como un material vivo. Punky dejó de ser únicamente un helado para convertirse en icono cultural, excusa conversacional y embajador inesperado de una colaboración con el RCD Mallorca para la temporada 2025/2026.
Una oficina que es, literalmente, un campo de golf
Y luego está la oficina. Porque sí: la oficina de Turbo está inspirada en un campo de golf. No como metáfora vaga de diseño, sino con agujeros de minigolf integrados en el espacio.
La idea nació, según explicaron, a partir del propio diseño del lugar y de una obsesión bastante práctica: evitar cables visibles. Al levantar niveles y jugar con la topografía interior, apareció la posibilidad de convertir el recorrido de la oficina en una especie de campo de golf creativo.
Durante el encuentro contaron además una frase que resume bien el concepto: si se dice que los negocios se cierran en el campo de golf, ellos han decidido invitar a clientes y equipo al suyo. El fun fact funciona porque no parece impostado. No es una mesa de ping-pong puesta para parecer una startup creativa. Es una oficina que entiende que el espacio también comunica una forma de trabajar.









