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Una teoría atrevida de la comunicación

Una teoría atrevida de la comunicación

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Eric Mottard
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Si hay algo que nadie hace, es que será una idea mala… pero quizás el verano nos autoriza a plantear teorías atípicas, a pensar de forma diferente. La teoría que quiero someter aquí es la opuesta al principio de Trump (que dice “nunca concedas nada a un contrincante, nunca confieses ninguna debilidad, solo ataca”). Esta teoría es simplemente el valor de decir que la has cagado. Con una idea: cuando está muy claro que has fallado, el hecho de reconocerlo, de sentirlo e incluso de pedir perdón, argumentando elementos que explican lo que ha pasado, quizás es lo mejor. Lo ilustro con cuatro ejemplos.

Ante todo, hay límites al valor de esta teoría:

– No se puede aplicar demasiado a menudo. Si la cagas cada día, hay un problema. Pero al contrario, si a veces dices que no estás satisfecho de tu actuación, implicas que todo el resto del tiempo lo haces bien.

– No hay que aplicarla con demasiada alegría. Si has hecho algo regular, mejor defenderlo que confesar un fracaso. El fracaso nunca huele bien, se tiene que utilizar con cautela. Esta teoría es para cuando no cabe duda de que la has cagado.

– Mejor si viene de un rasgo humano entendible, no de una maldad o una ambición personal malvada. Algo con el cual cualquiera podría identificarse.

– Si hay implicaciones legales, entonces no es un tema de comunicación sino algo a ver con su abogado dependiendo de las consecuencias de este tipo de aceptación.

Pero veamos esto con ejemplos.

El beso de Rubiales

Todo el planeta lo ha visto: un hombre en situación de poder (el entrenador) y una jugadora, en un momento de sensibilidad social ante el abuso. La estrategia de Rubiales de defender el consentimiento quizás no es la mejor. Propongo: “Lo siento, era una actuación muy incorrecta, no me di cuenta. Estaba “borracho de alegría” tras esta victoria histórica, borracho de cariño por J. Hermoso, y ha salido este beso sin siquiera que lo pensara. Sin ninguna mala intención, sin pensar, sin ninguna idea de dominación. Algo de medio segundo que vino del cariño y de la alegría. Pero ha sido muy incorrecto. Solo os pido entender que no había ninguna voluntad de abuso, sino un acto espontaneo estúpido. Pido perdón a Jenny y a todas las mujeres que se han sentido ofendidas”.

Argentina en el Mundial

Cuesta defender la actuación argentina en la final y sobre todo tras la final. Nadie que crea en el deporte puede defender que des la espalda al ganador o que agredas tras el pitido final a jugadores del otro equipo. Argentina la ha cagado, y punto. El planeta entero lo ha visto. Messi o mejor, todo el equipo, tendría que salir con algo tipo: “Lo siento. Desde entonces he vuelto a ver todo lo que ha pasado, a pensar en esta final, y hemos dado un ejemplo nefasto. ¡Estábamos en la final del Mundial!, la perdimos y vivimos la mayor desilusión de nuestras vidas y dejamos que esta frustración se apodere de nosotros, hasta hacernos olvidar los principios básicos y preciosos del deporte. Un poco tarde pero… España ha hecho un partido fabuloso, merece ganar y les queremos felicitar tanto por su victoria como por su actitud” (incluso escenificando esto en un vídeo de todo el equipo). Si la has cagado de forma tan evidente, sal y reconócelo.

Los abusos de Patrick Bruel

Este actor y cantante francés hiper-popular en las últimas décadas, está hoy acusado de abuso sexual por más de 30 mujeres (y siguen saliendo). Defiende que siempre hubo consentimiento, algo que obviamente ante este diluvio de quejas, nadie cree. “Lo siento, me he comportado como un gilipollas. Era el ídolo público entonces y me ha subido a la cabeza. Pensé que ninguna mujer me podía resistir, y cuando lo hacía, pensaba que era un juego, que en el fondo lo quería. Y pido una reflexión, sin rehuir de mi responsabilidad sino ampliándola. Era 100% incorrecto, pero en estas cosas eran aceptadas. Se dice mucho “todo el mundo sabía”. Era una especie de regla del juego entendida por todos, que el hombre con poder podía insistir ante alguien que no mostraba ganas. Una regla del juego asquerosa, y me alegro de que haya cambiado la sociedad. Esto no me exculpa en absoluto, pero ayuda a entender. Soy consciente de que he hecho daño y quiero ayudar a que sigan cambiando las mentalidades”. Esto es delicado al tener implicaciones legales, pero con tantas quejas, hay pocas dudas de que acabe declarado culpable; quizás es mejor empatizar con las victimas que salir con la imagen de un abusador que acusa a mujeres traumatizadas de mentirosas.

Trump e Irán

Más complicado aquí, pero intentemos. “He atacado Irán, un régimen que oprime a su población, y amenaza a sus vecinos y cuestiona la paz mundial. Teníamos información de la fragilidad del gobierno iraní tras las manifestaciones recientes y años de embargo. Y veíamos necesario obliterar su fuerza militar que se volvía amenazadora. Les hemos debilitado muchísimo a nivel militar, les hemos mostrado que podíamos volver, pero es cierto que no ha caído el gobierno. La caída de un gobierno siempre es algo difícil de predecir. Ahora ¿qué hacer? En estos casos de ataque que no consigue ser decisivo, solemos querer acabar el trabajo, nos quedamos, subimos los medios militares, mueren decenas de miles de personas en un conflicto que dura años… Es lo que nos ha pasado en Vietnam, en Afganistán, en Irak. Esta voluntad de éxito decisivo acaba teniendo un coste humano y financiero descomunal y ni lleva a la victoria. Aprendamos de la historia, a veces lo mejor es dejar la ofensiva, satisfacernos de los logros indudables que hemos tenido, y evitar que el conflicto se convierta en un drama infinito”.

Estos cuatro ejemplos son extremos, de cosas graves. Pero si no estás envuelto en este tipo de escándalo, por lo menos puedes aplicar lo mismo a tu vida cotidiana, personal y profesional. Estar insatisfecho de algo, querer aprender y mejorar, es solo ser una persona humana, profesional, positiva. Todos sabemos que Superman no existe, dejemos de pretender.

Si casi nadie lo hace, ¿será una mala idea? Quizás. Quizás si confiesas algo, los lobos del “otro lado” te atacan sin piedad. Pero sobre todo, me parece que el orgullo, este dolor de decir “la he cagado”, es el mayor motivo. Nos duele horrores confesar cagadas. Y la cagamos cada día, qué paradoja. Pero alguien que confiesa que no lo ha hecho bien es alguien que el resto del tiempo lo hace bien; es alguien que aprende de sus errores; es alguien que tiene empatía ante lo que sienten los otros y se responsabiliza de sus acciones; es alguien exigente consigo mismo.

Quizás solito, pero me quedo con mi teoría. Lo siento 🙂

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