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Estrategia · Berlín

El fascinante poder de la exclusividad en eventos. El caso Berghain

El fascinante poder de la exclusividad en eventos. El caso Berghain

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Cristina Munoz
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La exclusividad de ‘entrada’ o de ‘pertenencia’ es una manifestación mental fascinante del ser humano. Muy estudiada por las ciencias sociales –Tajfel y Turner hablaron del endogrupo y el exogrupo basado en el reconocimiento social de ‘haber entrado’ y Cialdini establece que el valor percibido de la experiencia se incrementa exponencialmente a medida que su disponibilidad disminuye–, la exclusividad es, sin embargo, un tema esquivo en una sociedad que busca la igualdad de oportunidades. Pero ¿realmente se ha eliminado el numerus clausus en eventos?

Hay eventos como la Met Gala o el Festival de la Velocidad de Goodwood que publicamos recientemente en los que claramente esa sensación de exclusividad forma parte de su éxito. Decía René Girard en su teoría del deseo mimético que la gente no desea las cosas por su valor intrínseco, sino porque son deseadas por otros a quienes toman como modelo.

Por tanto, el valor del evento en muchos casos no proviene solo de la experiencia, sino de estar viviendo algo que otros desearían experimentar. Además de otro aspecto fascinante: la afinidad percibida. Al tener conciencia de que los asistentes han superado el mismo filtro, se genera un sesgo de endogrupo de inmediato. Es decir, una pequeña ‘comunidad’ que comparte valores, estatus o intereses comunes, y cierta ‘seguridad’.

La paradoja de la exclusividad y la contracultura: Sven

Para quienes piensen que la exclusividad suena a rancia y es algo del pasado, restringida a las elitistas estructuras sociales del siglo XX, nada más alejado de la realidad. La exclusividad no evoca la igualdad de oportunidades, pero desde luego sí suena rentable a medio y largo plazo, y sigue siendo tan aspiracional y emocional como ha sido en el pasado, solo que adquiere formas más sutiles y contemporáneas.

Es el caso del club berlinés de música electrónica Berghain, donde la política de entrada es simplemente impredecible y está exclusivamente basada en el legendario criterio de su portero, Sven Marquardt. Es decir, ni el dinero, ni el outfit ni tu belleza te garantizan el acceso. Lo que Sven aprecia es el ‘capital subcultural’: la autenticidad percibida y la actitud, en este caso, integrada en la estética techno y la cultura queer. Dentro, la actitud también está a prueba: el personal de seguridad coloca una pegatina en las cámaras de tu móvil; si la rompes o la quitas, implica tu expulsión directa y el veto permanente. Olvídate del postureo y bienvenido al anonimato, porque en los baños ni siquiera existen espejos ni reflejos para evitar tu autoconciencia sobre tu imagen. Además de por Rosalía, Berghain es conocido porque en 2022 simplemente no dejaron entrar a Elon Musk y acompañantes. ¿Por qué? Porque no le gustó a Sven.

Aunque aparentemente la Gala del Met y Berghain parecen polos opuestos, desde la psicología social y la gestión de eventos, ambos comparten dinámicas estructurales casi idénticas para generar deseo y controlar su ecosistema. En ambos casos se busca atraer cocreadores que contribuyan a cohesionar esa comunidad interior, como una especie de ‘curaduría de experiencia’. También coinciden en aplicar un estricto control de su narrativa y privacidad con la restricción de cámaras. Una decisión que alimenta la mística del evento. Y dentro consiguen el ‘milagro’: la privacidad genera la confianza necesaria para que la interacción sea genuina.

Crédito: Sven Marquardt, Leipzig Book Fair 2015. Foto: Lesekreis / Wikimedia Commons (CC0).

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