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Villa Ahora de Ron Barceló, las fiestas de pueblo con más engagement del mundo 

Villa Ahora de Ron Barceló, las fiestas de pueblo con más engagement del mundo 

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A menudo, vemos en Instagram multitud de eventos de marca a los que los influencers les dan voz. Se trata de eventos muy estéticos y envueltos en ese halo aspiracional propio de Dulceida y los suyos. Sin embargo, no puedo evitar preguntarme ¿en realidad están pasándolo tan bien? O si, cuando se apagan los móviles, el evento parece un velatorio. Por eso, como no es lo mismo contarlo que vivirlo, he vivido la última edición de Villa Ahora de Ron Barceló en el que Grupo Varma y Casanova Agency han creado unas fiestas de pueblo para 700 afortunados que pudimos formar parte de la fiesta del pueblo más joven de España.

Una convocatoria particular

La experiencia comenzó un mes antes, cuando conseguimos las entradas. Y aquí viene la primera clave que alimenta el carácter aspiracional de este evento: no puedes asistir pagando simplemente, tienen que invitarte. Nosotras ganamos la invitación comentando en un post de Instagram qué cosas eran típicas en un pueblo. Esto formaba parte de una serie de dinámicas especiales en redes sociales junto a creadores de contenido y la cuenta oficial @ronbarcelospain para repartir pases triples o dobles. Además, se habilitó un juego de reflejos en la web de Ron Barceló donde había que atrapar objetos típicos de pueblo (tractores, boinas, farolillos) para conseguir invitaciones dobles. 

El objetivo general de esta manera de acceder al evento, más allá de fomentar el carácter exclusivo del mismo, era incentivar el engagement con las redes y la web de Ron Barceló mientras se competía por un hueco en la celebración. Un proyecto creado desde el primer momento por y para la viralidad. 

Tras la fase inicial, se nos citó junto a la Plaza de Toros de Las Ventas para comenzar la aventura viajando hacía el Palacio del Negralejo. Allí aguardaban los autobuses junto a animadores del staff de Villa Ahora que iban calentando motores con juegos y cánticos mientras repartían los que serían nuestros pañuelos identificativos de cada peña. Y con mucho orgullo mi pañuelo de la peña Colada y yo llegamos a la parada de autobús del pueblo para comenzar la aventura. 

Pero no hizo falta llegar a la plaza del pueblo para empezar la fiesta, un remolque con un tractor nos trajo al DJ, que nos guio hacia la orquesta que nos conduciría a la fiesta en la plaza. Esto funcionó como primer efecto wow ya que un simple camino se convirtió en una experiencia idéntica a la que se vive en los pasacalles de los pueblos. La llegada de los 700 asistentes se articuló de manera escalonada. Por ello, los barcelovers que llegaron en los primeros autobuses eran recogidos por el DJ para llegar a la plaza e ir degustando su primer mojito y en este tiempo iban llegando los siguientes creando un efecto back to back que hacia que todo el mundo pudiera disfrutar al máximo del espectáculo ambulante.  

Empieza la fiesta 

Un mojito en la mano y la fiesta comenzaba cuando todas las peñas llegamos a la plaza con la entrada de Roni, community manager de la marca, por una tirolina hacía el escenario donde el set de DJ seguía su curso. En el exterior de la plaza, un castillo hinchable presidía la zona de ocio y restauración al más puro estilo de pueblo. Una plancha a tope para dar de comer a todos y distintas zonas en las que podías ganar las monedas necesarias para conseguir merchandising (como camisetas, peluches o incluso la revista de Villa Ahora) en el Kiosko de la Paqui. Los juegos consistían en tiro de saco de arroz, futbolín humano en el que se jugaba soplando la pelota, una máquina de penaltis en la que se medía la fuerza, un gancho para ganar peluches y una en la que tenías que sacar la máxima puntuación golpeando con un mazo. 

Mientras tanto, las horas de música no paraban, con una orquesta y DJs como Michenlo o Dani del Lio, la localización de los artistas casi siempre era la misma, aunque un set sobre una carretilla elevadora parecía el preludio de lo que íbamos a ver en el fin de fiesta.  

De repente, el DJ despidió su set y el staff comenzó a dirigir a los asistentes a la salida. Ya parecía que todo había acabado, pero, como en toda buena fiesta, el after no pudo faltar. Y se materializó ante nuestros ojos en forma de un puesto de gofres en el que la recena se servía al ritmo de los platos de Dani del Lio. 

¿El contenido era real? 

Fue una noche inolvidable, de esas en las que no querrías estar en otro sitio. Y, si al igual que yo te lo preguntabas, efectivamente se estaba disfrutando tanto como mostraban nuestras historias. Lo especial de este evento no es el despliegue, ni el presupuesto, sino cómo han sabido conectar cada referencia con algo que llevamos tan hondo como las fiestas de pueblo. La conexión emocional con lo tradicional es una tendencia que lleva resonando con la generación Z desde hace mucho tiempo. Si bien eventos como Desalia y Nevalia están creados para ligar la imagen de Barceló a la diversión y a lo aspiracional, Villa Ahora añade a esta fórmula un componente familiar que triunfa entre los jóvenes. Así que sí, viví la fiesta del pueblo más joven del mundo y conecté con la filosofía Vive Ahora. ¿Los ingredientes de este éxito? Paquito el chocolatero, amigos, un castillo hinchable y un buen after. 

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