Skip to content

¿Por qué disfrutamos del cine de terror y qué nos enseña esto para eventos?

¿Por qué disfrutamos del cine de terror y qué nos enseña esto para eventos?

Compartir noticia

3 min. de lectura

Escuchar

[PODCAST] Cómo el dircom utiliza lo experiencial según 4 grandes marcas  El team building también puede volar La psicología tras el marketing: ¿Qué nos enseña el retail sobre el comportamiento humano? 
Aún recuerdo la primera película de miedo que vi. Fui con mi amiga y su ligue y se pasaron la película entera abrazados. Yo, muerta de miedo, encontré consuelo en el reposabrazos de mi asiento y ellos, como era de esperar, estrecharon lazos durante la experiencia. Recuerdo salir tras la película con la sensación de haber saltado a un acantilado y haber sobrevivido en el intento, con pocas ganas de dormir y mucha adrenalina por mis venas. Y todas estas sensaciones, sentimientos y amores adolescentes los había originado una misma cosa, las desventuras de la familia Warren. En ese momento, no quise saber nada más del cine de terror. Pero ahora me pregunto, en un sector dedicado a la experiencia, ¿qué podemos aprender de algo que es capaz de causar tantas sensaciones y reacciones fisiológicas con un visionado? A continuación, repasamos las claves psicológicas que hacen al cerebro humano "disfrutar" del género de terror para llevarte aprendizajes para eventos de este Halloween (además de algún que otro susto).

Masoquismo benigno 

El psicólogo Paul Rozin acuñó el término «masoquismo benigno» para describir cómo los humanos disfrutan de experiencias que el cuerpo percibe como amenazas, siempre y cuando la mente consciente sepa que no hay peligro real. Pero esto no es nada nuevo. Experiencias como el puenting o las montañas rusas son maneras seguras de experimentar sensaciones similares a las de estar en peligro con la confianza de saber que son seguras. 

Este fenómeno se debe a que el cerebro primitivo entra en modo de supervivencia, pero la corteza prefrontal evalúa el entorno y confirma que estás a salvo. Esta disonancia cognitiva genera una sensación de placer al «sobrevivir» a la amenaza. Además, según el Harvard Business Review, disfrutamos del terror porque existen tres barreras de seguridad que nos mantienen a salvo: sabemos que es ficción, físicamente estamos a salvo en el sofá o el cine, y tenemos el control de apagar la pantalla o irnos si resulta demasiado. 

Para eventos: La conclusión de este primer aprendizaje gira en torno al control sobre el sufrimiento. Si una persona se embarca en una situación ligeramente incómoda a nivel sensorial, sea referente al terror o a otro tipo de circunstancias, la sensación de control sobre la experiencia la hace agradable e incluso satisfactoria. Cenas a oscuras, quitarles los teléfonos móviles al entrar, o introducir giros narrativos inesperados como un «corte de luz» fingido que da paso a un reveal espectacular, hace que el asistente experimente un cierto desconcierto sin incurrir en la inseguridad. 

Búsqueda de sensaciones y excitación fisiológica 

El investigador Marvin Zuckerman desarrolló la escala de «búsqueda de sensaciones», demostrando que ciertas personas tienen una necesidad biológica de estímulos intensos. Ver una película de terror activa el sistema nervioso simpático. El cuerpo libera adrenalina, endorfinas y dopamina, las mismas sustancias químicas asociadas a la euforia y la excitación. Para quienes tienen una alta tolerancia a la sobreestimulación, este cóctel químico se percibe como una recompensa placentera.  

Para eventos: El gusto por el terror enseña que las emociones planas aburren. Un evento no puede mantener el mismo nivel de energía todo el tiempo; necesita picos de tensión seguidos de valles de relajación. Para ello, es posible manipular el entorno sensorial. Usa pasillos estrechos, oscuros o silenciosos antes de abrir las puertas a espacios grandes y ruidosos o juega con frecuencias graves en el sonido para generar tensión subconsciente. La anticipación y la privación sensorial momentánea amplifican el impacto del estímulo principal, al igual que en el cine se juega con las luces y el sonido. 

El terror como simulador de amenaza 

El investigador Mathias Clasen del Recreational Fear Lab de la Universidad de Aarhus argumenta desde la psicología evolutiva que el cine de terror funciona como un simulacro. En este sentido, es útil para el cerebro humano «practicar» cómo reaccionar ante depredadores o peligros. El terror nos permite ensayar respuestas emocionales y cognitivas ante el peligro, desarrollando estrategias de afrontamiento sin sufrir ningún daño físico. En un entorno corporativo o de entretenimiento, enfrentar una «amenaza» común rompe el hielo y fuerza la colaboración. 

Para eventos: Sustituye el teambuilding de toda la vida por escenarios de crisis con cuenta atrás. Los scape rooms integrados en el evento con simulacros de hackeo que los asistentes deben resolver, son un ejemplo de presión que fuerza a los asistentes a colaborar, eliminando las jerarquías y propiciando el networking. 

Regulación emocional y neurobiología 

Estudios recientes de neuroimagen, como los liderados por el investigador Lauri Nummenmaa, muestran que las escenas de terror activan varias zonas del cerebro. El cine de terror nos permite experimentar y purgar emociones negativas de forma segura y catártica. Al terminar la película, la respuesta de estrés disminuye rápidamente, dejando al espectador con un profundo estado de relajación y alivio. 

Para eventos: Si diseñas un bloque de contenido muy denso o intenso, debe ir seguido de una recompensa de máxima relajación y celebración. La gente interactúa mucho más y mejor cuando comparte el alivio colectivo. 

Noticias relacionadas

Ver todas las noticias
Eventoplus