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¿Tu evento necesita conflicto (y saber si poner piña en la pizza)? 

¿Tu evento necesita conflicto (y saber si poner piña en la pizza)? 

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Eric Mottard
Cómo los palacios pasan de los m2 a la experiencia completa, según un estudio de APCE  Un evento tremendamente inspirador sobre el talento joven ¿Los eventos estimulan las ideas tóxicas? 
Convención de la empresa. Sube el CEO al escenario y lanza el primer reto: debatir de si la pizza con piña es un sacrilegio o una maravilla (eterna fuente de desacuerdo para la humanidad). Y luego, debatir sobre la hora a la cual es ideal comer. La gente es perpleja, pero se pone en marcha un cambio: de un evento basado en el consenso total a un evento donde se celebra el desacuerdo, donde se llega a un mejor entendimiento entre la gente (“we agree to disagree”) y sobre todo donde no ganan “las ideas de siempre” sino que se cuestiona y se llega a una mejora de la empresa. Para ello hay que aceptar, celebrar, la discrepancia, este mini-conflicto, dice la experta en resolución de conflictos Priya Parker en un apasionante podcast del New York Times.

Nos gusta el consenso. Nos incomoda discrepar. Queremos estar todos alineados (un amor por la homogeneidad que ya denunciaba “Good Will Hunting”). Pero esta paz tiene un lado oscuro: el nuevo concepto de “cortesía tóxica”, la situación de personas que en el fondo discrepan pero cuyo desacuerdo nunca sale a la luz, por miedo al conflicto, al desacuerdo. Las frustraciones se quedan calladas. La idea establecida o la forma de hacer de siempre se mantiene aunque ya no sea la ideal. Y esto es malo tanto a nivel de relación humana como de eficacia. Es la idea de la experta en resolución de conflictos Priya Parker que nos anima a “pelear” un poquito. El podcast se puede escuchar aquí.

Discrepar es normal. “Si no estás de acuerdo conmigo, es que no me quieres, no me respetas” es un poco la idea que tenemos. Pero como lo comenta Priya, hay la lectura opuesta: que un desacuerdo sea doloroso significa que aprecias a la otra persona, la valoras, la respetas (si un loco en Arizona piensa que el nazismo es buena idea, no me afectará, pero que lo diga un buen amigo de la uni, me dolerá). Y cuanto menos se ponen sobre la mesa los desacuerdos, los conflictos, más perdemos la capacidad de tener estas conversaciones difíciles pero sanas.

El desacuerdo, una oportunidad. Limitándonos al campo profesional, no estar de acuerdo es maravilloso: significa que hay una duda, dos puntos de vista diferentes y sobre todo una oportunidad para analizar, comparar, y llegar a una mejor decisión. Y de paso, sanar una posible herida, un desacuerdo entre personas que se queda sin comentar.

¿Realmente, conflicto en mis eventos? Pues sí; de hecho como vimos en la entradilla, esta idea era necesaria en una empresa cliente de Priya, donde los grupos estaban paralizados ante la idea de cuestionar, de discrepar. Tras preguntar lo de la piña, el CEO dejó que la gente expresara sus desacuerdos sobre estas cuestiones “light”, como una manera de calentar antes de llegar a comentar otros desacuerdos más complejos de la empresa. Había establecido el desacuerdo sano, la confrontación de ideas. Es una idea poco común cuando los eventos a menudo buscan dar la impresión de homogeneidad perfecta, convirtiéndose en una especie de encuentro de starship troopers: todos iguales, un equipo monolítico donde no hay discrepancia.

Cuidado: se tiene que hacer con mucha cautela. Si bien fomentar la conversación, la confrontación de ideas, el entendimiento del otro es muy positivo, el riesgo es significativo. Una bronca en un evento, una tensión mal gestionada, una subida de tono… supondrían un bajón a nivel de ambiente para todo el resto del evento. Así que se tiene que hacer con reglas del juego claras, con educación y calentamiento de los participantes (al estilo del ejercicio de la piña), con buena moderación. Pero las empresas buscan innovación en un mundo hiper competitivo, buscan adaptación a un mundo darwiniano.

Todo esto tiene además en un evento un beneficio adicional: crear más engagement de los participantes, puesto que se trata que aporten su opinión personal como algo importante para la empresa.

Dicho esto, por muy maravilloso que sea el debate hay límites. Piña en la pizza, Dios mío… 🙂

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