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El team building también puede volar

El team building también puede volar

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Heronfly
Las empresas buscan experiencias que sorprendan, pero también que permitan trabajar competencias reales. Una cabina de Airbus A320 puede convertirse en un escenario inesperado para descubrir cómo se comunica un equipo, quién toma decisiones y qué ocurre si el plan cambia.

Cuando salir de la oficina no es suficiente

Durante años, el team building se ha asociado a salir del entorno habitual de trabajo para compartir una actividad diferente. Pero para el organizador actual el reto va más allá: encontrar experiencias capaces de generar participación, emoción y también, aportar algo al equipo. La clave no está necesariamente en hacer algo extremo, sino en colocar al grupo ante una situación nueva, donde las jerarquías habituales desaparezcan temporalmente y sea necesario volver a organizarse.

Eso es precisamente lo que propone Heronfly en Sevilla: utilizar una cabina de simulación profesional del Airbus A320 como escenario para una experiencia corporativa.

Los participantes no tienen que saber de aviación. Tras un briefing inicial, el grupo recibe una misión y se distribuyen diferentes responsabilidades relacionadas con la operación: comandante, copiloto, tripulación, torre, despacho, meteorología, combustible… Y comienza el reto. Cada persona dispone de una parte de la información y el resultado depende de la capacidad del grupo para compartirla, escuchar, priorizar y tomar decisiones. El equipo tiene que conseguir que la operación avance y responder conjuntamente cuando las circunstancias cambian.

En una oficina es relativamente fácil hablar de liderazgo, comunicación o capacidad de reacción. Otra cosa es experimentarlos. Ante una situación inesperada, las dinámicas del grupo aparecen de forma natural: alguien toma la iniciativa, otro detecta información que los demás han pasado por alto y una persona aparentemente más discreta puede encontrar la solución. No se trata de descubrir quién pilota mejor, sino de crear una situación suficientemente inmersiva para que las personas necesiten colaborar.

En aviación existe desde hace décadas una cultura orientada a la coordinación de las personas que intervienen en una operación. Comunicación clara, distribución de responsabilidades, liderazgo, toma de decisiones y gestión de recursos son elementos esenciales dentro de una cabina. Competencias que también forman parte del día a día de cualquier organización.

Uno de los retos de los eventos corporativos es conseguir que lo vivido permanezca después del evento. Podemos olvidar una presentación, pero es bastante más difícil olvidar el día en que nuestros compañeros intentaron despegar o aterrizar juntos un Airbus A320. Ese componente emocional genera conversación, recuerdos compartidos y permite reunir en una misma actividad perfiles muy diferentes. No hace falta ser aficionado a la aviación. La experiencia comienza precisamente desde el desconocimiento y obliga al grupo a aprender, adaptarse y avanzar conjuntamente.

Mucho más que pilotar

La simulación también permite crear experiencias con objetivos muy diferentes.

Heronfly abre su cabina a quienes quieren descubrir qué ocurre al otro lado de la puerta: poner en marcha un Airbus A320, realizar un despegue, aproximarse a diferentes aeropuertos o afrontar situaciones inesperadas durante el vuelo.

Para algunos es entretenimiento; para otros, la oportunidad de cumplir el sueño de pilotar un avión comercial. Pero existe otro perfil para el que entrar en una cabina puede tener un significado completamente diferente.

El miedo a volar puede afectar tanto a viajes personales como a desplazamientos profesionales. Ruidos desconocidos, turbulencias, movimientos del avión o no comprender qué está sucediendo pueden aumentar esa sensación de inseguridad.

Heronfly desarrolla también un programa específico para afrontar el miedo a volar, combinando acompañamiento psicológico con una sesión práctica en el simulador. La cabina permite explicar y experimentar diferentes fases y situaciones del vuelo dentro de un entorno controlado. En este caso, la simulación deja de ser únicamente una experiencia y se convierte también en una herramienta para comprender.

Team building, experiencias de vuelo y programas para afrontar el miedo a volar responden a necesidades diferentes, pero comparten una misma idea: una experiencia adquiere otra dimensión cuando la persona deja de ser espectadora y pasa a formar parte de lo que ocurre.

Para quienes diseñan eventos, ahí existe una oportunidad: crear actividades en las que los participantes tengan que intervenir, decidir, colaborar y sentir que el resultado también depende de ellos.

Una cabina de Airbus A320 es un escenario tan poco habitual como único, para conseguirlo.

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