El valor de los terceros espacios y cómo hacer de tu evento uno de ellos

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Según Oldenburg, los terceros lugares constituyen «un espacio de interacción social libre e informal esencial para la democracia». Este concepto surgió en los cafés como ejemplo más claro, establecimientos donde, por el precio de una taza, las personas podían compartir espacio y hablar. Otros ejemplos pueden ser tabernas, bibliotecas e incluso peluquerías. Ha ido ganando popularidad en los últimos años y la clave de ello se encuentra en la noción de «interacción social presencial». En una era en la que las interacciones han quedado relegadas a la pantalla y encorsetadas en los mecanismos establecidos por las redes, las inquietudes de las personas han virado hacia la presencialidad y lo tribal: correr juntos, leer juntos, vivir juntos y, en definitiva, explorar esa necesidad humana de compartir espacio con el otro.
En este sentido, nuestro sector alberga esperanza frente al mundo digital y estamos experimentando un movimiento a lo presencial por parte de las marcas, incluso las que parten directamente del mundo digital. En definitiva, creamos el espacio en el que las personas pueden generar experiencias compartidas.
Sin embargo, no todas las experiencias compartidas se pueden identificar como terceros espacios, aunque todo tercer espacio es, obligatoriamente, una experiencia compartida. Para generar eventos que simulen estos terceros espacios, es necesario que cumplan unas características para ser accesibles, equitativos y para fomentar el diálogo. Repasemos algunas de las características que según Oldenburg y Christensen, tienen los terceros espacios y sus posibles aplicaciones en eventos.
1. Todos pueden acceder sin invitación
Los terceros lugares son de todos y para todos, sin necesidad de invitación. Son espacios en los que las personas pueden relacionarse, compartir ideas y crear conocimiento. Para hacer de tu evento un espacio apto para esto, la exclusividad debe dejar de ser un criterio. Los eventos abiertos al público como la celebración del Día Internacional de los Bosques por Presstour, son buenos ejemplos.
2. Es un espacio barato o gratuito
Un evento no solo debe estar abierto al público para constituir un tercer espacio: debe ser gratuito o tener un precio simbólico. Espacios abiertos a la ciudadanía como el Matadero de Madrid o Casa Cupra en Barcelona, espacios para el desarrollo del arte y el ocio que actúan como punto de encuentro para la sociedad.
3. La conversación es su actividad principal, pero pueden darse otros entretenimientos
Estos espacios suelen girar en torno a la conversación, con mobiliario orientado a la conversación, oportunidades de networking, espacios de debate. Eventos como la Feria del Libro madrileña generan espacios para compartir ideas, crear conversación y aprender de los principales escritores de la escena.
4. Los vínculos humanos necesitan nutrirse con cierta frecuencia
Para que un evento pueda constituir un tercer espacio, debe ser recurrente. Las personas que los frecuenten deben coincidir varias veces y poder desarrollar un vínculo, aunque este sea menor que el familiar o los creados a raíz de otros círculos más cercanos.
5. Es un espacio cercano y accesible
Es necesario situar tu evento en un lugar bien conectado. Si el evento se desarrolla fuera de estos puntos, es necesario habilitar medios de transporte para los asistentes.
6. Las conversaciones ligeras son una práctica frecuente
En ocasiones, cerramos el timing de un evento sin dejar tiempo al oxígeno. Los eventos hechos para personas deben estar pensados para las personas, no llenar un timing de contenidos sino intercalar contenido con espacios para la conversación o el descanso. De hecho, existen necesidades especiales derivadas de determinadas condiciones psicosociales que deben ser escuchadas para este particular.
Si quieres conocer más cosas sobre los terceros espacios, visita el artículo.






