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Héroes en nuestro sector que no llevan capa, pero conducen una caravana

Héroes en nuestro sector que no llevan capa, pero conducen una caravana

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Paula Rey
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Poco tiempo después del inicio de esta locura algunas empresas no han querido quedarse quietas y en el tiempo necesario para que una empresa de eventos cree e implemente un proyecto se han lanzado a la carretera. Empresas como LastLap, ALSA o Rosabus se han implicado hasta el punto de organizar caravanas para llevar material de primera necesidad o traer refugiados en coordinación con las instituciones pertinentes. Hablamos con ellas para recoger su testimonio y dar voz a la vivencia, los retos y las dificultades en tal hazaña humanitaria. Como muchas otras iniciativas del sector que te contamos en la web #EventosConUcrania son todo un ejemplo. Por Paula Rey

Agencias y empresas del sector se han volcado en iniciativas solidarias con Ucrania. Te traemos algunos ejemplos, conscientes de que hay muchas otras que no hemos identificado y que merecen también todo nuestro apoyo. Recogemos muchas de ellas en la web #EventosConUcrania que contiene información y datos de contacto para ayudar de diversas maneras: con dinero, productos, ofreciendo empleo, etc. en el caso de que quieras participar. En este artículo recogemos la experiencia de Lastlap, ALSA y Rosabus que no llevan capa, pero conducen una caravana.

Lastlap y su evento más complicado

“Somos personas con medios, experiencia y decisión para afrontar retos y esta vez la llamada de la conciencia era demasiado fuerte, las noticias nos golpeaban día tras día con esas duras imágenes de una guerra a la vuelta de la esquina y el espejo ya no era capaz de aguantarnos la mirada”, así empezaba a contarnos Diego Muñoz de Last Lap la motivación de la agencia para ayudar en Ucrania. Nos cuenta que veían que el camino estaba ya marcado por algunos ciudadanos voluntarios y alguna asociación que ya habían enviado las primeras caravanas de ayuda, “así que tocaba aprender de ellos e investigar mucho para no cometer errores”.

De repente, vivieron algo inesperado: avalancha de voluntarios, para viajar, para recoger ayuda, para hacer aportaciones, para apoyar moralmente… “En un abrir y cerrar de ojos habíamos compuesto un convoy formado por once furgonetas y un autobús de dos pisos. Abrimos campaña de recogida de ayuda humanitaria y el almacén se llenó con casi diez toneladas de pañales, compresas, conservas y sacos de dormir (las cosas prioritarias que nos habían solicitado en destino)”.

El equipo empezó a planificar el evento más volátil, unos preparaban rutas, otros buscaban alojamientos, otros detectaban gasolineras baratas y pedían exenciones de peaje en las autopistas, otros trataban con la administración y ONGs para coordinar la recogida y entrega de refugiados…

Todo se hizo en un escenario en el que no se puede planificar nada, donde un movimiento militar obliga a cerrar un paso fronterizo y los flujos de refugiados cambian de la noche a la mañana. Los convoys tienen que adaptarse a las circunstancias, esperar hasta estar completos, confirmar la documentación, pasar los filtros de seguridad para evitar el tráfico ilegal de personas y, en muchas ocasiones, recorrer Polonia captando en distintas ciudades refugiados. “Ante eso, quién es el valiente que reserva un hotel o planifica algo sin saber en qué ciudad o país vas a estar dentro de unas horas, ni cuántas personas viajan en la caravana”, nos decía Diego.

El equipo lo formaban 29 personas, la mayoría de Lastlap, pero también de la agencia de viajes Stella Maris, de autobuses Jiménez Dorado y de transportes Crespo. También iban un traductor, un mecánico, un médico de urgencias y una periodista de National Geographic.

En seis días (tres de ida y tres de vuelta), a una media de 1.200 km diarios se cumplió el objetivo. Después de cruzar España, Francia, Alemania, República Checa y Polonia, el dispositivo se plantó junto a la frontera ucraniana de Medyka y entregó la ayuda en el centro de refugiados de Przemysl. En el mismo punto, en colaboración con la Fundación Juntos por la Vida, se seleccionó a refugiados interesados en viajar a España y comenzó la parte más emocional del viaje.

Nos cuenta que han tenido todo tipo de incidencias, algún viajero indispuesto, algún coche averiado, mareos, unos sustos… “Hemos dormido pocas horas, comido mucha basura de gasolinera, exprimido los motores, soportado interminables obras, consumido miles de litros de combustible muyyyyy caro… Hemos estado a punto de meternos en Ucrania por una carretera secundaria, hemos visto convoys militares, hemos tocado la bocina a otras caravanas solidarias, hemos saludado a decenas de generosos voluntarios (muchísimos españoles)…”. El resumen se puede ver en un vídeo en su Instagram.

El gran impacto emocional

“Obviamente el trato con personas que vienen de una zona en guerra y dejan atrás a parte de su familia y sus hogares requiere un exquisito trato psicológico, al margen de los cuidados específicos para niños y ancianos, la gestión del idioma y la seguridad en un trayecto tan largo”, explica Diego. “Para la mayoría de los componentes de la expedición, ha sido una de las experiencias más impactantes de nuestra vida”.

Concluye que la experiencia ha sido enriquecedora para toda la empresa y que han regresado con un jet lag emocional que les ha dejado aturdidos muchos días con “una sobredosis de realidad que te ensancha el pecho y te da fuerzas para seguir actuando, para mantener el hilo permanente con esa familia a la que has ayudado a huir del horror y a seguir maquinando nuevos planes de actuación”. Ya están preparando junto a la Fundación María de Villota un vuelo para traer de una forma más cómoda, rápida y eficiente otro contingente de refugiados.

Rosabus fleta dos autobuses desde Sevilla

En colaboración con la ONG Infancia de Nad, partieron de Sevilla el pasado 9 de marzo dos autocares de Rosabus. Según nos cuentan, dejaron en Cracovia toneladas de alimentos, ropa y productos de higiene para los ucranianos y trajeron un centenar de refugiados, fundamentalmente niños, adolescentes y mujeres, que se quedarán en Madrid bajo la responsabilidad de las instituciones que el gobierno ha creado para tal fin. En la expedición se encontraban dos médicos y dos enfermeros del Hospital Santa Ángela Viamed, además de ocho conductores que se turnaron para evitar paradas en los 7.500 km del recorrido previsto.


Anselmo Rosa, dueño de la empresa junto a su hermano Manuel, nos cuenta que el momento de la recogida de las familias fue “muy emocionante”. En los autocares viajaban niños que ya han estado en España con motivo de los programas de vacaciones que se organizan para afectados por el accidente de la central nuclear de Chernóbil. Algunos de ellos vuelven a Sevilla a las que fueron sus casas de acogida durante esas vacaciones. Rosabus agradece a todos aquellos que se han volcado con esta acción solidaria: a las personas que han entregado ropa, comida, juguetes… a sus conductores que han participado altruistamente, a todo el equipo de oficina que ha tenido que solventar algunas cuestiones complejas y sin tiempo, a los sanitarios que han acompañado y asistido en el viaje, a la ONG por la iniciativa y organización, sin olvidar a los dos estudiantes de Erasmus en Cracovia, Guillermo y Clara, que ayudaron de manera desinteresada para lograr sacar a gente de Ucrania y de la frontera con Polonia.

ALSA transporta a más de 1000 personas

Colaborando principalmente con la Fundación Madrina (entre otras), ALSA también ha organizado caravanas en las que, hasta el momento, llevan ya más de 1000 personas transportadas desde las fronteras de Polonia y Rumania. Su mayor reto, como empresa de transporte, nos cuentan que ha sido ver cómo gestionar todo esto a nivel legal. “Pese a nuestra convicción y total decisión para ayudar, necesitábamos saber el tipo de cobertura legal para poder traer a personas desde Ucrania”, nos cuenta Ignacio Pérez-Carasa, director de relaciones institucionales y RSC de ALSA. Para ello, la comunicación directa con la Dirección General de Migraciones fue clave: “nos pusimos en contacto con ellos y nos explicaron que la Comisión Europea había autorizado la admisión de refugiados, a partir de ahí nos pusimos a disposición de las organizaciones que requerían nuestros servicios, informando a la Administración de todos nuestros pasos en los autobuses, las personas que recogemos, el destino final de los autobuses…”. En definitiva, ante estas situaciones la comunicación con un organismo oficial les ha asegurado hacer las cosas bien.

También fue importante contar con tres conductores en cada autobús para ir turnándose (dado que el viaje entre día y vuelta suelen ser 5 días), además del personal de apoyo en el autobús que llevaba la ONG: traductores, médicos y voluntarios de todo tipo. A mayores de los viajes internacionales han participado en traslados a nivel local de refugiados desde aeropuertos nacionales.

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