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Ideas y consejos · España

La soledad del organizador de eventos

La soledad del organizador de eventos

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Eric Mottard
Resiste a tu tendencia de poner más cosas en tu evento Cómo hablar para convencer en tus eventos  Las 5 fuerzas de Porter y las agencias de eventos
Ha pasado el accidente terrible del Medusa, accidente trágico, grave, con victima mortal y por tanto esta mancha de “irreparabilidad”. Y todos pensamos en la familia de la victima y en los heridos, apasionados de la música que han vivido un drama. Sin duda ellos son “las victimas”, las personas afectadas por un drama en su carne propia… Nuestros pensamientos, ante todo, van con ellos. Por otro lado, lo que ha pasado es grave y tenemos que preguntarnos si algo se ha hecho mal, entender la responsabilidad  del organizador y la nuestra (ineludible) como sector también, sin complacencia. Esto es más importante que cualquier otra consideración. Pero aunque parezca paradójico, pienso mucho hoy en alguien que no se menciona nunca (o solo con un dedo acusador un poco rápido): el equipo del Medusa, que seguro que hoy sufren también algo terrible… psicológico más que físico, pero terrible. Sin idea de lo que ha pasado, sin juicio sobre su responsabilidad, solo quería pensar también en un equipo humano devastado. Por Eric Mottard

Este es un artículo complicado, cuestionable, y que como lo escribo en esta entradilla, trata de algo absolutamente segundario comparado con el dolor de los afectados y la responsabilidad del organizador. Pero si nadie piensa en el equipo del festival, si son hoy solo un impreciso culpable a priori (veremos si a posteriori también), siento una enorme tristeza por ellos también. No sé si han hecho algo mal (la investigación dirá); solo sé que viven momentos terribles.

A veces he pensado en qué pasaría si un conocido mío fuera atropellado por un coche. ¿Qué sentiría? Un dolor inmenso sin duda, una tentación de acusar al conductor… pero ¿no sentiría también tristeza, algo de empatía, por la persona que ha causado esto? Haya hecho o no algo mal, esta persona vivirá con este peso en sus hombros, con una voluntad de que el tiempo vuelva atrás y se pueda reparar lo irreparable. Este conductor no es la victima, pero es una persona probablemente sin maldad, quizás incluso sin responsabilidad, que ha provocado algo terrible y se siente, seguro, fatal. Pero recordemos:

Son inocentes a priori. La presunción de inocencia es un principio clave de nuestro derecho y tenemos que aplicarlo tanto a nivel legal (se suele conseguir) como a nivel de opinión pública (solemos fracasar estrepitosamente en ello, el ser humano quiere culpables). Aseguremos que no acusemos demasiado rápido.

Están viviendo un infierno. Viven habiendo organizado algo que ha tenido este fatídico impacto. Como cualquier profesional que ha organizado un evento lo sabe, han trabajado con la ilusión de aportar grandes momentos a decenas de miles de aficionados, han llegado al evento agotados físicamente y emocionalmente, habiéndolo dado todo en condiciones complicadas, y con la ilusión de que el espectáculo empiece pronto. En unas horas, se viene todo abajo y no tienen que gestionar un festival de fiesta y música sino que gestionar la parte de auxilios, la gestión legal, la opinión pública, en una situación emocional absolutamente traumática.

El organizador se queda solo. Hablando con organizadores que han tenido problemas parecidos, destacan la dureza de la opinión pública, la sospecha a priori, el nivel de sufrimiento personal. Algo más propio de una caza de brujas que de un proceso legal ordenado. Sabemos que organizar eventos es un oficio duro por el estrés, las horas, los cambios permanentes, los imprevistos. A estos factores hay que sumar uno: el hecho de ser el responsable de decenas de miles de personas, y el riesgo de quedarse como el culpable (legal o de opinión pública) en caso de problema. Cualquier que quiera trabajar en eventos tiene que entender esto: cuando agrupas a cientos o miles de personas, pueden pasar cosas y te quedas solo.

En un proyecto complejo como un evento, pueden pasar mil cosas. Y cuando pasa algo, vemos directamente lo que ha causado el problema y acusamos a los gestores del proyecto de negligencia. Pero cuidado: estos días estoy leyendo el apasionante “Lo que vio el perro” de Malcom Gladwell, donde analiza accidentes o errores históricos, desde el 11-S hasta el accidente nuclear de 3-Mile Island o la explosión del Challenger. Tantos problemas que a posteriori tienen causas claras y por tanto, evitables. Pero el autor explica que, si bien la explicación a posteriori es fácil, identificar lo que puede pasar a priori y tratarlo, es complicadísimo en estos proyectos donde confluyen miles de tareas interrelacionadas. Concluye este capítulo diciendo de forma ominosa: “en cierto punto del futuro – por el motivo más mundano y con las mejores intenciones – un cohete de la NASA se estrellará de nuevo”. El riesgo en grandes proyectos se tiene que limitar con toda la energía del mundo, pero no se puede bajar a cero. Y cuando organizas eventos, si haces bien 99 cosas pero mal una cosa, la opinión pública verá este fallo y te machará por ello. No se trata de exculpar a nadie, las negligencias y fraudes se tienen que condenar… pero se trata de ser conscientes de la complejidad de estos grandes eventos y del hecho de que un indicador de posible problema puede no verse a priori, por muy competentes que sean los equipos (imagínate la Nasa con el Challenger o la CIA vigilando Al Qaeda).

Así que, si bien tenemos que pensar en las victimas y sus familiares, si bien tenemos que exigir una seguridad absoluta en nuestros eventos, si bien tenemos que aceptar la responsabilidad legal del organizador, quiero también tener un poco de empatía por un equipo que lo ha dado todo para montar un festival increíble. El futuro dirá si algo se ha hecho mal. Hasta entonces, les deseo ánimos; lo que están viviendo, no lo deseo a nadie.

Os lo había dicho: un artículo complicado, sin duda algunos lo leerán como una falta de respeto por las victimas o de defensa gremial poco sana. Algunos pensarán indecente dedicar un gramo de empatía con el organizador y no el 100% a las victimas. Solo deseo que se vea como una reflexión sobre la situación de un actor hoy hecho polvo y sobre cómo tenemos que reaccionar a estas noticias. Me encantaría tener tu opinión (puedes ver este artículo en https://www.linkedin.com/in/eric-mottard-350445/).

 

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