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[PODCAST] Los eventos como plataforma de comunicación política

[PODCAST] Los eventos como plataforma de comunicación política

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Todo comunica. Desde que te levantas hasta que te acuestas, el café que eliges, la chaqueta que llevas, la sonrisa que dedicas. Todas y cada una de nuestras acciones suponen un acto comunicativo en mayor o menor medida. Pero ¿qué pasa cuando lo que hacemos es un evento con un gran alcance?, pues que nos damos cuenta de que todo lo que ahí se diga va a ser visto por multitud personas, con multitud de conciencias. Este poder ha sido utilizado en muchas de ocasiones, desde los puños en alto de Tommie Smith y John Carlos en defensa de los derechos civiles en los Juegos Olímpicos del 68, hasta los acontecimientos que tuvieron lugar en la última Vuelta ciclista a España, pasando por el “¿Quién sí? ¿Quién no?” de Eurovisión. Para descubrir y profundizar en los entresijos de esta poderosa capacidad, hemos hablado con Carlos Serantes (Newlink España), Paula Palacios (directora de cine y activista) y Jesús Rodríguez (LAST LAP).

Amplificación del alcance 

La primera cuestión sobre la que gira la conversación es que la naturaleza del evento ha cambiado. Ya no son solo espacios de celebración o competición, sino herramientas de eficiencia comunicativa. Por ello, la realidad de su importancia y amplificación cambia. Carlos y Paula coinciden en que la manifestación en la calle tiene un impacto limitado hoy en día. Sin embargo, «secuestrar» la señal de televisión de unos Juegos Olímpicos o unos Goya garantiza una audiencia global inmediata y, por tanto, una capacidad de alcance máxima.  

De hecho, el otro matiz de esta cuestión es que la audiencia está cautiva. Por ello, a diferencia de las redes sociales o los medios de comunicación, en un evento retransmitido la audiencia «se traga» el mensaje político sin haberlo buscado. Siendo esta la única manera de hacer frente a las segmentación de redes y canales de televisión.

La Vuelta Ciclista y el «sportswashing» 

El debate sobre la Vuelta a España y las protestas contra el equipo de Israel sirve como el núcleo del conflicto ético en el podcast. Jesús señala una contradicción flagrante. Se prohibió a los equipos rusos participar tras la invasión de Ucrania, pero se permite a un equipo patrocinado por el estado de Israel («Israel – Premier Tech») competir. Se señala, además, que permitir participar a ese equipo no es un acto neutral; es una decisión política activa que legitima («blanquea») al estado patrocinador. Poniendo en valor una vez más esta dimensión comunicativa de los eventos que ha cambiado completamente su naturaleza y ha estandarizado su uso dentro de la comunicación. 

Pero ¿Cuál es el límite? En este sentido, Carlos defiende que la línea roja es la seguridad física (tirar aceite, chinchetas o bloquear carreteras). Paula contraargumenta que cuando las vías diplomáticas y políticas fallan ante un hecho como el conflicto en Gaza, la disrupción física es el último recurso legítimo de la sociedad civil, aunque moleste al desarrollo deportivo. 

¿Se puede «secuestrar» un evento de marca? 

Pero, como los eventos tienen una dimensión comunicativa, también cuentan con un propósito. Ante esto, se abre un melón sobre la diferencia entre eventos culturales/públicos (Goya, Olimpiadas) y eventos privados de marca. 

Carlos sostiene que si una marca invierte millones y meses de trabajo, es injusto e irrespetuoso que un invitado use ese micrófono para su agenda personal, «canibalizando» el propósito del evento. 

Sin embargo, es imposible controlar al 100% las reacciones de tus asistentes. En este sentido, se concluye que el riesgo cero no existe. Si invitas a perfiles con credibilidad artística y conciencia social, asumes el riesgo de que hablen. Si solo invitas a gente «muda» o complaciente, el evento pierde relevancia cultural. La decisión se basa en el propósito y las necesidades de este. De hecho, se destaca una verdad que quizá es incómoda pero real. Hoy en día un discurso de 30 segundos puede eclipsar una gala de 3 horas. Las marcas ya no controlan la narrativa; la controlan los invitados con sus propios móviles y redes sociales. Por ello, el aprendizaje aquí es intentar anteponerse a estas narrativas e incluso integrarlas en los casos en los que pueda hacerse. 

Necesidad de tomar conciencia 

Paula introduce una crítica cultural muy potente. Argumenta que en Occidente (España/Europa) vivimos anestesiados por el «buenismo» y la corrección política. Evitamos el conflicto y el debate para «quedar bien», lo que nos lleva a una apatía peligrosa. Menciona su experiencia reciente en Doha, señalando que, en esas regiones, debido a la proximidad con Gaza, la sociedad está mucho más «despierta», politizada y activa en el debate geopolítico. Por ello, cuestiona si los eventos deben servir para incomodar. Si todo es respetuoso y cómodo, nadie sale de su zona de confort ni de su algoritmo. La función del arte y el evento debe ser, a veces, romper esa armonía artificial. 

La tiranía de las redes sociales 

El grupo analiza cómo la tecnología ha cambiado la percepción de estos actos. Carlos sentencia: «Ya no existen las audiencias, existen actores empoderados». Cualquiera con un móvil en el evento es un medio de comunicación en potencia, esto supone el fin de las audiencias pasivas. Además, gracias a esto se da una gran magnificación de cualquier cosa que ocurra en un evento. Lo que antes era un incidente aislado que el realizador de TV podía censurar cambiando de cámara, hoy se graba desde 50 ángulos diferentes y se viraliza en TikTok. El organizador ha perdido el control de la censura visual. 

Conclusión: La neutralidad es un mito 

La gran conclusión del podcast es la aceptación de una realidad incómoda para los organizadores: 

  • Todo es política: Decidir quién patrocina, quién compite, dónde se celebra o a quién se premia son actos políticos. 
  • El organizador debe «abrazar» el caos: En lugar de intentar silenciar las protestas (lo cual genera un «efecto Streisand» y más ruido), los organizadores deben asumir que sus plataformas son espejos de la sociedad. 
  • Relevancia vs pureza: Un evento que permite la reivindicación puede perder «pureza» organizativa, pero gana relevancia social. Incluso a la gente que no le importaba el ciclismo, le empezó a importar la Vuelta debido al conflicto político. 

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