¿Los eventos estimulan las ideas tóxicas?

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Cuando una opinión no es un simple desliz
Ante todo, esto no es una columna de defensa gala. En los últimos mundiales, siempre he ido con el maravilloso equipo de la Roja, un equipo generoso, joven y rápido, frente a una Francia demasiado calculadora. Tampoco se trata de un comentario político. Seguro que gente de muchos partidos podría decir cosas así. No. Se trata de entender qué fenómeno hace que un político muy experimentado escriba ideas abiertamente racistas cuando no tiene ningún histórico en este registro. Cuidado: no son palabras que se le hayan escapado durante una conversación. Esto se ha pensado, escrito, revisado, validado y publicado. Y una publicación ha considerado que estaba bien publicar un texto que dice algo legalmente falso y moralmente asqueroso.
¿Quién puede ser considerado «de los nuestros»?
Escribir que el equipo francés «no tiene jugadores franceses» es escribir, literalmente, «si eres negro o árabe, no eres francés». Supongo que tampoco español. Habrá que decírselo a Yamal y a otros… Significa que el origen o el color de piel pesan más que tus sentimientos actuales, que lo que haces por tu país, que el descomunal orgullo nacional que sientes al vestir la camiseta y, sobre todo, que tu nacionalidad, ese papel que te dice, en teoría, «eres de los nuestros, al cien por cien». Supone decir a todas las personas que no son blancas, o quizás que no son españolas desde hace un número determinado de generaciones —no sé cuál es la norma del señor Rajoy—, que no son españolas (a pesar de serlo). Ciudadanos de primera y de segunda, todo el rollo.
No es el único episodio racista. Ahí están los comentarios dirigidos al youtuber IShowSpeed, la exclusión del árbitro somalí solo culpable de su nacionalidad, o los plátanos e insultos racistas.
El evento deportivo como escenario tribal
¿Los eventos contribuyen a esto? No por sí mismos, pero pueden estimularlo. Los eventos deportivos, sobre todo los que enfrentan a distintas naciones, son momentos en los que el tribalismo, el nacionalismo y el «nosotros contra ellos» triunfan. Quien no apoye a su país es un traidor, como he comprobado. Es el momento del enemigo acérrimo, al que se demoniza, y del renacimiento de la tribu. Por eso, todos los dictadores, desde Mussolini hasta Videla, han querido acoger estos eventos y prestan mucha atención al rendimiento de sus equipos.
El orgullo nacionalista, con su vertiente excluyente, se expresa en estos momentos mejor que en cualquier otro. ¿El señor Rajoy hubiera dicho esto sobre un ejecutivo, un periodista o un político? Probablemente no. Pero, ante una competición entre tribus, donde la lucha es casi sagrada o existencial, sí podemos permitirnos demonizar al contrario y caer en comentarios de una inteligencia y una humanidad discutibles.
Una denuncia deliberadamente parcial
CUIDADO: este artículo es una denuncia algo parcial. Tiende a obviar los múltiples impactos maravillosos de este deporte, deporte que es factor de integración, de equipos variados, de gestos de tolerancia y respeto, por el contrario, y donde muchas entidades y clubes han luchado siempre contra el racismo y el odio. Lo bueno del deporte es indudable, pero quiero aquí alertar de lo malo, de esta pendiente peligrosa hasta ideas nefastas que hemos leído este finde.
El poder de los eventos también puede utilizarse para bien
Los eventos pueden mejorar el mundo y fomentar la solidaridad, el entendimiento y la aceptación. Existen muchas acciones que demuestran cómo los eventos pueden contribuir a un mundo mejor.
Una herramienta poderosa, para bien o para mal
Pero, como cualquier arma potente, se pueden utilizar bien o mal. La tentación de explotarlos para excluir, demonizar y construir una piña racista resulta peligrosa. Piensa si no has tenido, en un momento tenso en un partido, una especie de odio tribal absurdo contra toda una nación…
Las grandes causas todavía no están ganadas
La otra lectura, menos relacionada con los eventos y más con el análisis social, es que, para cualquiera que piense que en 2026 las grandes causas ya están ganadas, pues think again. La homofobia, la misoginia y el racismo siguen tan en forma que, en 2026, un expresidente del Gobierno puede escribir que «la gente de color, aunque tenga la nacionalidad, no es de los nuestros».
Hagamos que los eventos fomenten lo bueno. Siempre.





