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Horitzó: el nuevo catering de Paco Pérez y Hotel Arts Barcelona

Horitzó: el nuevo catering de Paco Pérez y Hotel Arts Barcelona

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En tiempos en los que el lujo suele confundirse con lo lejano, lo escaso o lo difícil de conseguir, Horitzó propuso una lectura más interesante: mirar de nuevo la propia ciudad. Paco Pérez y Hotel Arts Barcelona presentaron en el MACBA su nueva propuesta de catering de alta gastronomía, convirtiendo el atrio del museo en un espacio donde cocina, arte contemporáneo, creatividad digital y hospitalidad dialogaron con naturalidad. Más que una demostración de exceso, la noche funcionó como una reivindicación del detalle, del oficio y de las personas que hacen que una experiencia permanezca.

Un horizonte entre cocina, arte y hospitalidad

Horitzó se presentó en el atrio del Museu d’Art Contemporani de Barcelona, un espacio que ya de por sí invita a mirar las cosas desde otro lugar. La elección del MACBA no fue anecdótica: el museo ha construido parte de su identidad alrededor de la experimentación, el pensamiento crítico y el diálogo con las prácticas contemporáneas. En ese contexto, la propuesta de Paco Pérez y Hotel Arts Barcelona encontró un marco coherente para explicar su intención: llevar el catering gastronómico más allá de la lógica puramente funcional.

No se trataba solo de presentar un nuevo servicio, sino de mostrar cómo una propuesta gastronómica puede integrarse en un relato más amplio, donde el lugar, el ritmo, la estética y la atención al invitado forman parte de la misma experiencia.

Llindar, el primer gesto de bienvenida

La velada arrancó con una bienvenida marcada por Llindar, el cava creado por Codorníu especialmente para Horitzó. Elaborado por el enólogo Bruno Colomer junto a Paco Pérez, este monovarietal de xarel·lo nace inspirado en el horizonte, ese punto donde el mar se encuentra con el cielo y la tierra se abre a la luz.

Con referencias al paraje de La Fideuera, en el Garraf, Llindar conecta con el Mediterráneo a través de su frescura, su larga crianza y una edición limitada pensada para acompañar la identidad del proyecto.

La Mar d’Amunt como imaginario creativo

Durante el cóctel, los asistentes pudieron probar una primera selección de bocados, entre ellos la tarta fina de almendra, espárrago y caviar, la navaja en escabeche y la almeja en fondo verde de mar. Platos pequeños, pero suficientes para entender algunas de las claves del universo de Paco Pérez: el mar, el producto, la precisión y una forma de cocinar que busca más la profundidad que el efecto inmediato.

En paralelo, la exposición Exploracions a la Mar d’Amunt acercó a los invitados al imaginario del chef. La Mar d’Amunt y la esencia ampurdanesa aparecieron como referencias constantes, no solo desde lo paisajístico, sino también como punto de partida creativo. La muestra funcionó como una manera de explicar que, detrás de cada plato, hay un proceso, una memoria y una relación con el entorno.

Una comunidad creativa reunida en torno a la mesa

Entre los asistentes se encontraban nombres destacados del ecosistema cultural y creativo barcelonés, como Valentí Oviedo, director general de la Fundació Gran Teatre del Liceu; el cineasta Roger Gual; la arquitecta Benedetta Tagliabue; la diseñadora Sonia Carrasco; el pintor José Luis Barquero; o el artista Iván Forcadell.

Su presencia reforzó una idea central de la noche: la gastronomía contemporánea también forma parte de la conversación cultural. No solo como disciplina ligada al placer o al lujo, sino como un lenguaje capaz de convocar miradas distintas y generar comunidad alrededor de una experiencia compartida.

El MACBA como parte activa de la experiencia

El propio atrio del MACBA amplificó esa lectura. Suspendidas en el espacio, tres reconstrucciones de esculturas de la serie Ocells-estels de Aurèlia Muñoz dialogaban con la luz natural, la arquitectura y el movimiento de los invitados.

Las piezas, concebidas para instalarse a gran altura, expandían la percepción del lugar y funcionaban como antesala de la gran exposición que el museo dedicará a la artista en noviembre. La instalación no actuaba como decoración, sino como una presencia más dentro del relato: obra, arquitectura, cocina y público compartiendo una misma atmósfera.

Una cena para recorrer el universo de Paco Pérez

La experiencia continuó con una cena para 64 comensales en una mesa imperial concebida como recorrido por el universo del chef. El menú avanzó con creaciones como Recordando a Gaudí, un entrante de mar; Guisantes de llorar sobre fondo marino; y Solomillo de wagyu Café Barcelona, antes de culminar con el postre Tocinillo de bosque, mató, yuzu y salsa suzette.

La propuesta se acompañó de una selección de vinos de las denominaciones de origen Costers del Segre, Alella y Empordà, reforzando ese vínculo con el territorio que atraviesa toda la cocina de Pérez. Cada pase funcionó como una escena dentro de una narración mayor, donde el plato no aparecía aislado, sino conectado con el espacio, la música, la imagen y el ritmo del servicio.

Cuando la tecnología no compite con la emoción

Pero Horitzó no se presentó únicamente desde el plato. Siguiendo la narrativa de la noche, Landscapes, agencia de arte digital fundada en 2020 por miembros del Festival MIRA, y blit., estudio creativo especializado en entornos inmersivos, desarrollaron junto a Hotel Arts Barcelona Un viaje al universo culinario de Paco Pérez.

La pieza, comisionada para Horitzó, desplegó una experiencia sensorial en la que imagen, sonido y espacio acompañaban el recorrido gastronómico. Así, el menú se convirtió en una narración expandida. Cada plato abría una puerta hacia la mente creativa del chef, mientras la puesta en escena construía un territorio común entre cocina, arte digital y percepción.

Lo interesante es que la tecnología no ocupó el centro de forma invasiva. No buscó deslumbrar por sí misma, sino acompañar. Estaba al servicio del relato, de la atmósfera y de la emoción. Y ese matiz, en un momento en el que tantos eventos confunden impacto con exceso, también dice mucho de la propuesta.

El factor humano: lo que convierte un evento en memorable

Y luego estaba el servicio. Camareros, maîtres, personal de sala… personas que no solo ejecutaban bien, sino que parecían disfrutar de verdad de lo que hacían. Había precisión, sí, pero también presencia.

Y ahí se entendía otra de las claves de Horitzó. Detrás de esa fluidez había formación específica, exclusiva e intensiva para este tipo de experiencias. Una preparación ad hoc, pensada para el contexto real del evento, para el nivel de detalle que exige una propuesta así y para la forma en que cada gesto construye percepción.

No hablamos de manuales en PDF ni de teoría vacía. Hablamos de formación aplicada, en situación, conectada con lo que realmente ocurre en una sala cuando todo está vivo. Eso es lo que diferencia un buen evento de uno memorable: las personas.

Y la noche reafirmó algo que el sector lleva tiempo intuyendo, pero que quizá todavía no ha asumido del todo: el futuro de los eventos pasa por la formación de verdad. No por el PowerPoint que nadie lee. No por protocolos decorativos. Sino por una formación que cambia cómo haces las cosas, cómo entiendes al invitado y cómo formas parte de un relato colectivo.

Más allá del catering

Con Horitzó, Paco Pérez y Hotel Arts Barcelona proponen una nueva forma de entender el catering de alta gastronomía: no como un servicio que se adapta al evento, sino como una plataforma creativa capaz de transformar cada celebración en una experiencia con identidad propia.

El proyecto nace con la voluntad de trasladar el universo culinario de sus creadores más allá de sus espacios habituales, manteniendo una mirada fiel al producto, la temporalidad, el territorio y el respeto por el entorno. Una propuesta que une la cocina honesta, contemporánea y profundamente mediterránea de Paco Pérez con la cultura de hospitalidad y excelencia de Hotel Arts Barcelona.

La velada, que se prolongó hasta la medianoche, dejó clara la ambición del proyecto: construir momentos inéditos a partir de la unión entre gastronomía, entorno y emoción. Horitzó se presenta así como una invitación a mirar más allá del plato para descubrir, precisamente, todo lo que aparece en el horizonte.

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