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Sutton Running Club cambia el tequila por endorfinas

Sutton Running Club cambia el tequila por endorfinas

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No es ningún secreto que las nuevas generaciones están cambiando sus hábitos de consumo. Lo vemos en la publicidad, en la alimentación, en la forma de viajar y ahora también en la manera de salir de fiesta. Menos excesos, más experiencia. En este nuevo contexto, la discoteca Sutton de Barcelona ha decidido cambiar los tequilas por shots de jengibre y transformar su pista de baile en punto de salida para 1.500 runners. Porque si cambian los hábitos, también pueden cambiar los espacios.

Rediseñar el espacio, redefinir el uso 

El proyecto nace tras el rediseño reciente de la sala. Con un espacio renovado y con mucho más potencial de uso, el equipo empezó a plantearse cómo activarlo más allá del horario nocturno. La pregunta era sencilla. ¿Puede una discoteca ser algo más que una discoteca? La respuesta llegó desde dentro. Parte del equipo está muy vinculado al lifestyle saludable y al mundo del running, un entorno que hoy mueve comunidad, engagement y marcas. La idea de unir ambos universos no era solo creativa, era estratégica. 

La primera edición se organizó junto a un club de running local, como prueba de concepto. La respuesta fue inmediata. En la segunda edición ya contaron con Oysho que vio en el formato una oportunidad clara para conectar con una comunidad activa y fiel. A partir de ahí, el concepto empezó a escalar y a atraer a otras marcas interesadas en formar parte de esta nueva manera de entender el ocio. 

Así funciona la healthy party 

El formato es sencillo en apariencia, pero potente en ejecución. La convocatoria arranca a las 18.30 con el acceso a la sala. Se recomienda llegar ya vestido para correr. QR en la entrada, guardarropa operativo y salida organizada por grupos según ritmo. La ruta suele ser de cinco kilómetros por Barcelona, con diferentes niveles para que nadie se quede fuera. 

Lo diferencial llega al volver. Sutton no es solo punto de salida y llegada, es el corazón de la experiencia. Una vez completada la ruta, los runners regresan a la sala y arranca la llamada “healthy party”. DJ en cabina, luces activadas y marcas ofreciendo producto en un entorno que mezcla post workout y clubbing. Dependiendo de la edición, el contenido se adapta. En la próxima convocatoria, por ejemplo, tras el cardio se organizará una sesión de pilates junto al equipo de Edan Studios, pensada para todos los niveles. El entrenamiento se convierte así en espectáculo colectivo, con la energía de una pista de baile pero el enfoque de una comunidad deportiva. 

Un territorio fértil para las marcas 

El interés de las marcas no es casual. El universo running vive uno de sus momentos más potentes. No es solo deporte, es identidad. Quien entra en un running club no solo entrena, pertenece. Comparte retos, horarios y contenido. Es una comunidad activa, prescriptora y altamente conectada. 

Ahí es donde el formato gana fuerza. Firmas como Oysho entendieron rápidamente el potencial de estar presentes en un entorno donde el engagement es orgánico y la experiencia no se percibe como invasiva. A su alrededor se han sumado marcas de bebida funcional como Nocco, propuestas gastronómicas como Gonzalez and Co con su oferta mexicana, puestos de açaí y activaciones vinculadas a la recuperación muscular. Todo convive dentro del club de manera natural, formando parte del ritual post carrera. 

Además, el acceso es gratuito, lo que multiplica la capacidad de convocatoria y convierte el evento en un territorio especialmente atractivo para las marcas que buscan impacto real y afinidad con el público. 

Cuando el espacio deja de ser solo espacio 

Para las discotecas, el aprendizaje es evidente. El espacio es el mismo, pero el código cambia. La pista deja de ser solo nocturna y se convierte en plataforma de comunidad. 

Lo importante no es solo la cifra de participantes, sino el cambio de paradigma que representa. El ocio evoluciona hacia formatos donde la experiencia compartida pesa más que el consumo y donde el bienestar forma parte del plan.

Lo que está ocurriendo en Sutton es un síntoma de algo mayor. Los espacios ya no son estáticos. Un hotel puede ser plató, un estadio puede ser venue corporativo y una discoteca puede convertirse en punto de encuentro deportivo. El valor no está en la infraestructura, sino en la capacidad de reinterpretarla. 

Para el sector de los eventos, el mensaje es claro. Las audiencias evolucionan, los códigos cambian y los formatos híbridos ganan terreno. Quien entienda antes esta transformación no solo atraerá nuevos públicos, también abrirá nuevas vías de colaboración con marcas que buscan algo más que visibilidad. Buscan pertenencia. 

Así que la próxima vez que cruces la puerta de un night club, quizá la pregunta no solo sea qué vas a beber, sino cómo vas a sudar. 

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