Carnaval en Copacabana: El Ball de Vogue

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Río como caso de estudio
Antes de hablar de alfombras rojas y plumas de alta costura, conviene mirar el contexto. El Carnaval de 2026 movió alrededor de diez mil millones de reales en Río de Janeiro. La ocupación hotelera rozó el 98%. Restauración, transporte, producción técnica, moda, entretenimiento, todo se activa.
Río no vende solo fiesta. Vende experiencia de destino. Y lo hace con una maquinaria afinada que mezcla cultura popular, infraestructuras hoteleras de lujo y una narrativa global que cada año se renueva sin perder identidad.
En ese ecosistema, el Copacabana Palace funciona como uno de los grandes iconos. Y dentro de ese icono, hay una cita que se ha convertido en termómetro del lujo brasileño.
Cuando el lujo entra en el relato
El Baile da Vogue nació en 2004 como una celebración privada impulsada por Andrea Carta, vinculado al universo editorial de Vogue Brasil. Durante años fue una fiesta casi secreta, de esas en las que entrar era complicado y por eso mismo todo el mundo quería estar.
Con el tiempo se transformó en el equivalente brasileño de la Met Gala. Un espacio donde la exageración es parte del código y donde la moda no se entiende sin espectáculo.
El movimiento clave llegó en 2020, cuando el baile se instaló de forma permanente en el Copacabana Palace. Más que cambiar de dirección, decidió integrarse en el corazón del Carnaval. Desde entonces no es un evento satélite. Es parte del relato oficial de la ciudad en su momento de máxima exposición internacional.
Carnavália y el peso de la historia
La edición del 7 de febrero de 2026 giró en torno a Carnavália, O Abre Alas Fashionista da Folia. La referencia era sencilla y potente. En los desfiles de samba, el primer sector marca el tono de todo lo que viene después. El baile quiso asumir ese papel simbólico.
Además, este año la samba cumple 110 años desde su consolidación como género central en Brasil. Ese aniversario fue el punto de partida creativo. No como excusa estética, sino como reconocimiento cultural. El ritmo se convirtió en inspiración real para la escenografía, la música y los looks.
El dress code hablaba de Tropical Couture o black tie reinterpretado desde la identidad brasileña. Plumas, bordados, referencias a biomas y fauna local, pero trabajadas desde la alta moda. Nada de disfraz literal. Más bien una lectura sofisticada del imaginario popular.
Producción que construye narrativa
La producción, firmada por BFerraz por undécimo año consecutivo, dividió el hotel en seis espacios que funcionaban como capítulos de una misma historia.
Un salón evocaba los bailes históricos de Carnaval con aire Belle Époque tropical. Otro recreaba la energía de la avenida con instalaciones inmersivas de luz y sonido. Un tercer espacio se centraba en los biomas brasileños con texturas orgánicas y vegetación exuberante. También hubo una sala dedicada al glamour contemporáneo, otra inspirada en marchinhas y frevo y un entorno más experimental donde arte digital y tradición convivían sin tensión.
Las ilustraciones digitales de Paula Plim en paneles LED mezclaban arquitectura clásica y lenguaje visual actual. Una forma clara de conectar pasado y presente sin nostalgia forzada.
Aprendizaje y mirada crítica
En 2019 el evento vivió una controversia racial que obligó a replantear mensajes y dinámicas internas. Desde entonces la conversación sobre diversidad e inclusión es más explícita.
En 2026 el homenaje a la samba se planteó reconociendo sus raíces negras y su dimensión política. Porque cuando el lujo se apropia de símbolos populares sin contexto, el público lo percibe de inmediato. Y hoy la audiencia es especialmente sensible a eso.
Más que una fiesta
El caso del Baile da Vogue demuestra cómo un evento puede reforzar el posicionamiento de un destino. No solo suma glamour. Suma relato, visibilidad internacional y conversación.
Río entiende que el Carnaval es cultura, pero también estrategia. Y dentro de esa estrategia, el lujo no compite con la identidad popular. La amplifica.








