Gublins juega un pilla pilla gigante en coche por toda España

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Un pilla pilla más épico de la cuenta
La genialidad de la campaña reside en su simplicidad: Team Gublins vs. Team Finger. El team Gublins, compuesto por Juan Beato y Erra, huían en una pick-up con un Gublin gigante por el mapa español. Mientras tanto, el team Finger, de Kappah y Guille Fernández, los perseguían en otro vehículo coronado por un dedo enorme. Los creadores usaron el autostop, retos en directo y, lo más importante, la colaboración de sus seguidores en tiempo real para avanzar o esconderse y competir en el juego. Todo ello creando contenido grabado que sus seguidores podían ver a tiempo real en sus redes.


El pistoletazo de salida se dio en Kinépolis Madrid, captando la atención de miles de personas. Durante más de 24 horas, el mapa de España se convirtió en un tablero de juego. Pasaron por puntos icónicos como Ciudad Universitaria (Madrid) y los molinos de Consuegra (Toledo), generando un contenido orgánico en TikTok e Instagram. Todo terminó en la Plaza de Toros de Algete, donde se montó un evento masivo para 1.000 personas con música y meet & greet. El impacto se cifra en 27 millones en apenas unos días, con cinco millones de usuarios únicos que han logrado conectar con una audiencia joven que ya no consume publicidad tradicional, sino experiencias interactivas.
@grefusa_ ¡¡Y así ha arrancado Gublins&Finger, el pilla pilla más loco!!🔥 ¿Con qué equipo vas? #gublins #fastandfurious #viral ♬ sonido original – Grefusa
¿Por qué han funcionado tan bien los Gublins?
Esta campaña eleva el gesto icónico de ponerse el snack en el dedo a la categoría de «deporte de riesgo», apelando a la nostalgia como eje principal de su comunicación. La incertidumbre de no saber qué pasaría después mantuvo a la audiencia pegada a las pantallas (y a las calles), por lo que la atención en la acción se maximizó y trascendió a la identidad de la marca, que acompañaba.
Otro de los aciertos fue el casting de creadores. Juan Beato, Erra, Guille y Kappah tienen una conexión muy orgánica con la Generación Z, lo que hizo que la campaña no se sintiera como un «anuncio», sino como un reto viral más llevado a cabo por perfiles que ya forman parte del ecosistema del público. El evento de cierre fue el colofón obvio para toda la estrategia, con un espacio para que todos los seguidores de la hazaña pudieran celebrar con sus influencers favoritos el final de la acción, terminando de crear el place to be definitivo.







