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Oysho convierte el deporte en experiencia: así funcionan sus Community Days

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Hace unos años, pensar en Oysho era asociarlo casi de forma inevitable a la lencería, la ropa de hogar, las prendas cómodas y aquellos pijamas de peluche que muchas deseábamos tener en el armario. Sin embargo, en los últimos años la marca ha acelerado una transformación que va mucho más allá del producto: Oysho ya no quiere ser solo una firma vinculada al universo íntimo y doméstico, sino una marca deportiva con comunidad, disciplina, entrenamiento y experiencia física. Y, en plena era de lo experiencial, el movimiento tiene todo el sentido: si una marca quiere ser percibida como parte de la vida activa de sus consumidoras, no basta con lanzar colecciones técnicas. Hay que llevarlas al terreno, ponerlas en movimiento y convertirlas en momentos compartidos. Ahí entran en juego los Oysho Community Days, eventos masivos, gratuitos y experienciales que están funcionando como una de las herramientas más potentes de la marca para consolidar su nuevo posicionamiento.

De vender producto a crear comunidad

Los Oysho Community Days son fines de semana dedicados al deporte, el bienestar y la vida activa. ¿El objetivo? Reunir a la comunidad de la marca en un mismo espacio para entrenar, descubrir disciplinas, conectar con otras personas y vivir el universo Oysho fuera de la tienda y de la pantalla.

El acceso es gratuito y se realiza a través de la plataforma de Oysho Community, aunque las plazas son limitadas. Esta combinación entre gratuidad, aforo reducido y alta demanda convierte cada sesión en una experiencia aspiracional, pero accesible. No se trata únicamente de apuntarse a una clase, sino de formar parte de algo: una comunidad que corre, entrena, practica yoga, hace pilates o se suma a sesiones de alta intensidad bajo el paraguas de una marca.

El formato también refleja una lectura muy actual del deporte. Los eventos no se limitan a una sola disciplina, sino que mezclan running para distintos niveles, functional training, bootcamps, yoga, pilates, mindfulness, indoor cycling, barre, pádel o incluso propuestas más vinculadas al verano y al lifestyle activo, como el paddle surf. Una programación amplia que permite a Oysho conectar tanto con perfiles más técnicos como con públicos que buscan bienestar, socialización o una primera puerta de entrada al entrenamiento.

El evento como prueba física del rebranding

La evolución de Oysho es especialmente interesante porque no se está construyendo solo desde la comunicación, sino desde la experiencia. La marca puede hablar de rendimiento, técnica, entrenamiento o comunidad, pero los Community Days hacen que ese discurso se pueda probar. Literalmente.

Las participantes entrenan con la ropa, se mueven en espacios diseñados para la ocasión, comparten rutinas, se relacionan con trainers y estudios colaboradores, y prolongan la experiencia en zonas de hidratación, recovery, música, healthy corners o espacios sociales post-entrenamiento. Es decir: el evento no funciona como una acción puntual, sino como una demostración de marca en vivo.

En este sentido, Oysho está utilizando los eventos como un puente entre sus comunidades digitales —como Oysho Running Club y Oysho Training— y su comunidad física. La app, los entrenamientos recurrentes y las sesiones semanales generan continuidad, mientras que los Community Days elevan la experiencia a un formato más masivo, más visible y memorable.

Además, la marca ha entendido algo clave: el deporte también necesita escenario. Por eso, sus activaciones no se limitan a salas de entrenamiento convencionales, sino que se despliegan en espacios con capacidad de construir imaginario: centros culturales, clubes deportivos, rooftops, estudios boutique, terrazas, playas o localizaciones urbanas con personalidad. Espacios que no solo acogen la actividad, sino que ayudan a convertirla en contenido, recuerdo y pertenencia.

Madrid: Daoíz y Velarde como centro deportivo urbano

Uno de los ejemplos más claros de esta estrategia tuvo lugar en Madrid, donde Oysho celebró una de sus grandes ediciones de Community Days en el Centro Cultural Daoíz y Velarde. Durante dos jornadas completas, el espacio se transformó en un centro deportivo y de bienestar urbano con una agenda que combinaba fitness, pilates, barre, cycling, yoga, running y pádel.

Daoíz y Velarde permitió llevar el entrenamiento a un entorno cultural y urbano, alejándolo de la imagen tradicional del gimnasio y acercándolo al lenguaje del evento contemporáneo: espacios amplios, programación por franjas, recorridos, ambientes diferenciados y una experiencia que iba más allá de la clase.

El interés está precisamente en esa resignificación del espacio. Un antiguo recinto cultural convertido durante unas horas en punto de encuentro para una comunidad deportiva; una localización urbana transformada en circuito de entrenamiento, zona social, estudio de cycling, área de yoga y escaparate vivo de marca. En lugar de llevar a las consumidoras a una tienda, Oysho llevó su universo a un espacio donde podían vivirlo, moverse dentro de él y compartirlo.

A la vez, Madrid funciona como una ciudad de continuidad para la marca. Más allá de los macroeventos, Oysho mantiene sesiones recurrentes de menor formato conectadas con estudios locales y con puntos de encuentro propios, como salidas desde su tienda de Hermosilla. Así, la comunidad no se activa solo en grandes fechas, sino que se sostiene durante el año a través de entrenamientos semanales, colaboraciones con estudios boutique y encuentros más íntimos.

Barcelona: el deporte se traslada a la playa

El siguiente capítulo llega ahora a Barcelona con los Oysho Community Days BCN on the beach, previstos para el fin de semana del 13 y 14 de junio, con el Club Natació Barcelona como uno de los puntos principales de encuentro. Y aquí la marca juega con uno de los grandes activos de la ciudad: el Mediterráneo como escenario.

Barcelona no es solo el lugar donde ocurre el evento, sino parte del propio relato. Correr junto al mar, entrenar frente a la Barceloneta, practicar disciplinas vinculadas al agua o cerrar la sesión en un entorno social frente a la playa convierte la activación en algo más que un calendario de clases. Es una experiencia de lifestyle activo con códigos muy reconocibles: deporte, bienestar, comunidad, verano y ciudad.

La edición barcelonesa pone el foco en disciplinas que muestran la evolución técnica y aspiracional de la marca. Por un lado, el Oysho Running Club BCN propone una salida por el Paseo Marítimo de la Barceloneta adaptada a distintos niveles, reforzando el carácter inclusivo y comunitario del running. Por otro, las sesiones de functional training incorporan circuitos de alta intensidad con estaciones de trabajo, máquinas y material técnico, acercando la experiencia a códigos propios del entrenamiento funcional y del rendimiento.

Pero el atractivo del formato está también en la mezcla. Running, functional training, barre, yoga, pádel o paddle surf conviven dentro de una misma propuesta, permitiendo que cada participante encuentre su manera de conectar con la marca. No todo pasa por la intensidad: también hay espacio para la calma, la técnica, el bienestar, el aire libre y el componente social.

El resultado es una experiencia que combina deporte, paisaje, comunidad y post-entrenamiento. El Club Natació Barcelona funciona como algo más que una sede: aporta contexto, identidad y una conexión natural con el mar. En este caso, Oysho no solo activa una comunidad deportiva, sino que la sitúa en un escenario que amplifica el mensaje de la marca: moverse, cuidarse y pertenecer a una comunidad también puede ser una forma de vivir la ciudad.

La nueva competición de las marcas: pertenecer al calendario de vida

Lo relevante de los Oysho Community Days no es únicamente su capacidad de convocatoria, sino lo que revelan sobre el momento actual del marketing experiencial. Las marcas ya no compiten solo por vender una prenda, sino por formar parte de las rutinas, los hábitos y las comunidades de sus públicos.

En el caso de Oysho, el deporte se convierte en un territorio de legitimación. La marca no solo lanza colecciones técnicas: crea entrenamientos, impulsa clubs, se asocia con estudios, activa ciudades y construye un calendario propio de experiencias. De esta forma, el producto deja de ser el punto final de la relación con la consumidora y pasa a integrarse dentro de una vivencia más amplia.

La estrategia también responde a una tendencia clara: el auge de los eventos deportivos y de bienestar como plataformas de conexión para las marcas. En un contexto en el que el público busca experiencias compartidas, salud, pertenencia y propósito, el deporte ofrece un lenguaje emocional, físico y social muy difícil de replicar desde otros territorios.

Oysho ha entendido que su transición hacia el deporte necesitaba algo más que una nueva categoría de producto. Necesitaba una comunidad que la viviera. Y los Community Days son precisamente eso: la puesta en escena de una marca que ha pasado de acompañar momentos íntimos y cotidianos a ocupar un lugar activo en la vida, el movimiento y el bienestar de sus consumidoras.

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