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Park(ing) Day, cuando una plaza de parking se convierte en la mejor idea de ciudad

Park(ing) Day, cuando una plaza de parking se convierte en la mejor idea de ciudad

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A los 16 todos soñamos con la libertad de tener un coche. Independencia. Música alta. Ventanilla bajada (aunque luego el aire sea incómodo). Nadie te avisa de que, años después, el verdadero reto no será conducir, sino encontrar aparcamiento. En ciudades cada vez más saturadas, conseguir una plaza en zona azul roza lo imposible. Y justo ahí, cuando todo gira en torno al coche, hay ciudades que han decidido darle la vuelta a la historia. Toronto es una de ellas. Y lo hace a través de una activación global que transforma plazas de parking en espacios para las personas. Se llama Park(ing) Day y este año se celebrará del 18 al 20 de septiembre de 2026.

El día en el que el coche pierde su sitio 

Durante un fin de semana al año, las reglas cambian. Lo que normalmente es un espacio reservado para un coche se transforma en un lugar para las personas. Así funciona el Park(ing) Day, una iniciativa global que convierte plazas de aparcamiento en pequeños parques, espacios de arte o puntos de encuentro. 

En Toronto, la propuesta adquiere una dimensión especialmente potente. Coordinado por estudios como Dubbeldam Architecture + Design y con el apoyo de la Toronto Society of Architects, el evento se celebra cada septiembre y activa la ciudad desde lo cotidiano. No hay grandes escenarios ni producciones espectaculares. Solo creatividad, ganas y una idea clara. Si puedes pagar un parquímetro, puedes transformar la ciudad. 

Y lo hacen. Donde antes había chapa y ruedas, aparecen jardines efímeros, bibliotecas improvisadas, zonas para dibujar, espacios para tumbarse o incluso pequeños puntos de encuentro donde parar y hablar. Lo llaman People Spaces. Espacios para la gente. Así de simple. 

De San Francisco al mundo, con una idea tan pequeña como brillante 

La historia empieza en 2005, cuando el colectivo Rebar decidió probar algo casi absurdo. Pagar un parquímetro y colocar césped y un banco en plena calle. Durante unas horas, ese espacio dejó de ser para un coche y pasó a ser un parque. 

Rebar fue un estudio de arte, diseño y activismo urbano con sede en San Francisco, conocido precisamente por cuestionar cómo usamos el espacio en las ciudades. No eran una agencia tradicional ni un estudio de arquitectura al uso. Funcionaban más como un laboratorio creativo que mezclaba urbanismo, arte y acción social. 

Fueron ellos quienes en 2005 lanzaron la primera acción que dio origen al Park(ing) Day. Pagaron un parquímetro, ocuparon la plaza con césped y un banco, y durante unas horas transformaron ese espacio en un mini parque. 

Su forma de trabajar tenía algo muy interesante para el mundo de los eventos y las activaciones. No partían de grandes presupuestos ni de producciones complejas, sino de ideas muy simples que generaban impacto real en el espacio público. Lo que hoy llamaríamos una activación con propósito, pero llevada al extremo de lo esencial. 

No era ilegal. Solo era inesperado. 

La acción conectaba con una reflexión del urbanista Donald Shoup que sigue siendo incómoda. Tenemos viviendas caras para las personas y aparcamiento barato para los coches. Algo no encaja. 

Rebar dejó de operar como colectivo hace años, pero su legado sigue vivo. Cada vez que una ciudad convierte un espacio cotidiano en algo inesperado, está, de alguna manera, siguiendo esa misma lógica. 

Desde entonces, la idea ha viajado por todo el mundo, adaptándose a cada ciudad, pero manteniendo intacto su espíritu. Cuestionar de forma creativa cómo usamos el espacio público. 

Una activación pequeña que abre conversaciones enormes 

Park(ing) Day no es solo una intervención urbana llamativa. Es una demostración en tiempo real de que otra ciudad es posible.  

Y ahí está la clave. En cómo algo tan pequeño como una plaza de aparcamiento puede cambiar no solo la forma en la que entendemos la ciudad, sino también cómo la vivimos. Porque cuando un espacio cotidiano se transforma en algo inesperado, la ciudad deja de ser solo un lugar de paso y se convierte en un lugar que apetece habitar. 

De repente, lo urbano gana atractivo. Se vuelve más cercano, más humano, más disfrutable incluso para quien lo vive cada día. Y todo a partir de una idea sencilla, bien ejecutada, que demuestra que la creatividad no siempre necesita grandes despliegues, sino una nueva forma de mirar lo que ya existe. 

Quizá no se trata de eliminar coches de un día para otro. Se trata de entender que, con imaginación, incluso el espacio más funcional puede convertirse en una oportunidad. 

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