¿Qué hay detrás de un festival de 20.000 personas en un estadio de fútbol? Te dejamos algunos aprendizajes del Madrid Salvaje

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Cómo distribuir el espacio del festival
Un error habitual al planificar un festival es concentrarse en los escenarios y dejar en segundo plano todo lo que ocurre entre concierto y concierto. Sin embargo, las barras, la restauración, las zonas de descanso y las actividades paralelas también generan movimientos de público y necesitan espacio propio.
En Madrid Salvaje, los más de 30.000 m² se distribuyeron en dos parcelas, con un escenario en cada una. Entre ambas se situó el Urban Park, con cancha de baloncesto, ring para batallas de canciones, activaciones de marca, barras, food trucks y zonas de descanso. El recinto contaba además con tiendas oficiales, camerinos y aparcamiento.
La separación entre escenarios, con el Urban Park y una avenida central de por medio, ayudó a repartir la actividad y a reducir el solapamiento del sonido.
El aprendizaje: al diseñar el plano, no basta con reservar espacio para los conciertos. Hay que calcular también dónde se concentrará la gente cuando no esté frente al escenario y cómo se desplazará entre unas zonas y otras. La distribución debe funcionar tanto durante las actuaciones como en los cambios de concierto.



Cómo organizar las entradas y salidas
En un evento multitudinario, el acceso no empieza en el torno ni termina al cruzar la salida. Las colas, las zonas de recepción y los recorridos hasta los escenarios forman parte del diseño de la experiencia y, sobre todo, de la seguridad.
En Madrid Salvaje, la entrada contaba con una zona de recepción para evitar que las colas invadieran la vía pública. La salida se ubicó en un lateral del recinto, junto a una avenida cerrada al tráfico durante el festival. El diseño de los accesos se validó previamente con las autoridades.
La llegada de asistentes fue progresiva, aproximadamente entre las 13:00 y las 19:00 horas. Al finalizar, el desalojo se desarrolló de forma rápida y ordenada, sin incidencias.
El aprendizaje: hay que estudiar por separado la entrada y la salida, porque no responden a las mismas necesidades. En la entrada, el público llega de forma escalonada y puede detenerse en los controles; a la salida, muchas personas quieren abandonar el recinto a la vez. Prever dónde se formarán las colas, cuánto espacio ocuparán y hacia dónde continuará el recorrido ayuda a evitar cuellos de botella y conflictos con el tráfico exterior.



Cómo calcular el aforo
Que un recinto pueda acoger a miles de personas no significa que todas sus zonas puedan soportar la misma ocupación. Un escenario, una barra y un área de descanso tienen usos distintos y generan concentraciones y movimientos diferentes.
En Madrid Salvaje, el aforo de cada área se calculó a partir de la superficie útil y de la densidad máxima de ocupación permitida. Con esos datos se planificaron los accesos y, antes de la apertura, las autoridades inspeccionaron el recinto.
El aprendizaje: el aforo debe estudiarse por zonas y teniendo en cuenta el uso que tendrá cada una, no solo sumando los metros cuadrados del recinto. También hay que comprobar que los accesos y las rutas de circulación sean adecuados para esa distribución. Así se puede detectar si una zona concentra demasiadas personas o si un recorrido puede convertirse en un cuello de botella.
Cómo adaptar un recinto a un evento diferente a su naturaleza
Madrid Salvaje también plantea cómo aprovechar un recinto concebido para el fútbol en eventos de otro tipo. En Ontime Butarque se pueden celebrar congresos, convenciones, rodajes y encuentros corporativos, entre otros formatos.
La diferencia de escala es considerable: el estadio tiene capacidad para unas 14.500 personas en un partido, mientras que el festival reunió una media de 20.000 asistentes al día en las zonas exteriores. No son cifras directamente comparables, porque corresponden a configuraciones y espacios distintos. En este caso, el festival aprovechó las parcelas exteriores para distribuir los escenarios y los servicios sin utilizar el estadio como en un partido.
El aprendizaje: antes de descartar un recinto porque no se diseñó para ese tipo de evento, conviene estudiar qué áreas pueden utilizarse y qué adaptaciones exige el proyecto. Madrid Salvaje muestra que el espacio disponible puede ofrecer otras posibilidades, siempre que la distribución, los accesos y las necesidades técnicas encajen con el formato.






