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La feria que parece un festival y factura millones: así es el fenómeno Scrapworld

La feria que parece un festival y factura millones: así es el fenómeno Scrapworld

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Si alguien sigue asociando el formato ferial con pasillos grises, stands corporativos y networking encorsetado, probablemente no haya pasado por la última edición de Scrapworld. La feria de streetwear celebrada este fin de semana en IFEMA Madrid vuelve a demostrar que el sector está entrando de lleno en lo que en nuestro último Estudio de Mercado denominamos Locura Experiencial: eventos que ya no se limitan a exponer producto, sino que construyen universos de marca, entretenimiento y comunidad alrededor del consumo. Y las cifras respaldan esa tesis. Scrapworld ha cerrado su edición más ambiciosa hasta la fecha con 17.000 asistentes, una facturación directa estimada de entre 2,25 y 2,5 millones de euros y un impacto económico global superior a los 10 millones. Nada mal para una feria nacida en 2018 de la mano del influencer y creador de contenido Carlos Martín, más conocido como byCalitos, junto a Miguel Antón y Juan Villegas.

De proyecto influencer a plataforma de negocio

Lo que empezó como una iniciativa impulsada desde la cultura digital y la comunidad streetwear se ha convertido en uno de los encuentros de referencia del sector en Europa. Su crecimiento no solo refleja la consolidación del streetwear como industria, sino también cómo las nuevas generaciones están redefiniendo qué esperan de un evento presencial.

Buena prueba de ello es el perfil del público congregado en esta edición. El 55% de los asistentes llegaron desde fuera de Madrid y un 5% procedía de mercados internacionales, una muestra de la capacidad de convocatoria de un formato que ha trascendido su origen local para convertirse en punto de encuentro europeo para marcas, creadores y consumidores.

Una feria donde se compra, se juega, se escucha música y pasan cosas

El gran diferencial de Scrapworld está en haber entendido que hoy ya no basta con vender producto. Hay que convertir la compra en experiencia. Y aquí es donde la feria ha sabido construir una propuesta especialmente alineada con las tendencias actuales del sector.

Más de 130 expositores participaron en una edición en la que convivieron venta directa, lanzamientos exclusivos, activaciones de marca y una programación paralela diseñada para mantener la energía del recinto durante toda la jornada.

Entre las propuestas más destacadas estuvo el campo de fútbol instalado por LaLiga, que trasladó el universo deportivo al centro de la feria y reforzó la integración entre deporte, lifestyle y cultura urbana. También sobresalieron las activaciones deportivas de Estrella Galicia con exhibiciones de skate profesional, experiencias de gaming, subastas de producto como el “Tributo Domino’s” y distintas dinámicas pensadas para disparar el engagement dentro y fuera del recinto.

Cuando la música también forma parte del business model

La dimensión experiencial se completó con una programación musical que volvió a funcionar como tractor de audiencia y herramienta de permanencia. Las actuaciones de Yung Beef, Fernando Costa, Grecas y La Vendición consolidaron ese modelo híbrido en el que feria, festival y plataforma comercial se fusionan en un único formato.

Porque esa es precisamente la clave de eventos como Scrapworld. Ya no se trata de asistir para comprar o descubrir marcas. Se trata de formar parte de una escena, vivir una narrativa cultural y consumir desde la pertenencia.

El futuro de las ferias pasa por aquí

Más allá de su dimensión dentro del universo streetwear, Scrapworld se consolida como un caso de estudio interesante para toda la industria de eventos. Su crecimiento evidencia que el público joven ya no responde al formato expositivo tradicional, sino a propuestas inmersivas donde el producto se integra dentro de una experiencia más amplia.

En otras palabras, la feria madrileña no solo está vendiendo moda urbana. Está poniendo en práctica, con cifras contundentes, hacia dónde evoluciona el evento contemporáneo.

Y viendo sus más de 10 millones de impacto económico, la conclusión parece clara: la experiencia ya no es un complemento. Es el negocio.

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