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En un mundo donde la tecnología nos permite un contacto ubicuo y el acceso relativamente fácil a los profesionales, el networking clásico ha perdido parte de su sentido y su mítica. La nueva mirada de la que sí son conscientes las nuevas generaciones es la de hacer tribu, comunidad, colaboración radical: adiós a las simples agendas de contactos.
En nuestra sociedad pospandémica y ultradigitalizada, la mera transacción, contratar o ser contratado, es un objetivo mucho menor que la idea de combatir la soledad profesional o sentir la empatía en aspectos más allá de los datos profesionales. Si el networking clásico es vertical (quiero hablar con el CEO a ver qué saco), la idea ahora es tejer una red horizontal. Lo ideal sería que el momento relacional facilitara momentos de cocreación, de serendipia dirigida en los que pasen cosas inesperadas y de polinización cruzada, de mezclar ideas y mundos diferentes.

En este sentido, tres conceptos para alimentar la interacción:
- Vibe check: el concepto de moda que se refiere al filtro de afinidad habla de que lo importante no es qué haces, sino quién eres. Si hay match, posiblemente la colaboración profesional surgirá sola.
- Proximidad creativa: es el momento de recolección de afinidades más que de la caza de contactos.
- El solo hecho de estar puede crear “espacios de colisión”, como nos cuenta la famosa anécdota de la máquina de café. El objetivo es chocar con ideas y personas diferentes. Es un término más caótico, menos controlado y, por tanto, más auténtico. Es lo que los sociólogos llaman “terceros lugares”: espacios donde no eres el empleado o el jefe, ni el padre o el hijo, sino una persona que intercambia historias con otra.
Cómo bajar a tierra todo esto es el reto. La idea sigue siendo crear momentos de relación, pero salir del encorsetamiento. Por ejemplo:
- Evita los ambientes “fríos” y diseña una atmósfera que invite a charlas, con una iluminación cálida, zonas de sofás enfrentados, actividades táctiles o de juego que provoquen la conversación. Cuando tienes las manos ocupadas no tienes la mirada tan fija y la presión por caer bien se minimiza; la conversación fluye de forma más casual y natural.
- Crea microcomunidades de interés en vez de un cóctel de cien personas: puede ser en torno a temas culturales (imagina una breve sesión de cortos o una exposición); crea rincones temáticos tipo “para los que odian la IA” o “los que prefieren teletrabajar solos”, etc. La idea es segmentar por sentimientos o retos compartidos más que por segmentos profesionales.
- El facilitador o matchmaker humano. No te descubrimos nada, pero no es habitual verlo en momentos de networking. La idea es tener conectores que conocen a los invitados más allá de sus trabajos y que pueden provocar la afinidad entre las personas más allá del interés comercial.
- Baja a los ponentes y conferenciantes del escenario y no los encierres en una sala VIP: romper la jerarquía y tomar una cerveza juntos puede ser el mejor vibe check del que dispones.
- El intercambio de pain points: ¿por qué no hacer match no en lo que destacas, sino en lo que te hace sufrir de tu vida laboral? Estás hablando de negocio, pero también estás consiguiendo empatía.
- En lugar de dar tu LinkedIn a todo el mundo, puedes sugerir enviar un artículo relacionado con el tema de conversación.
- ¿Qué tal el pitch inverso? En vez de “vender” X, exponer un problema y generar la conversación. De esta forma provocas una situación de apertura y cooperación en los demás.







