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La guerra en Oriente Medio se invita al sector MICE 

La guerra en Oriente Medio se invita al sector MICE 

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El estallido del conflicto en Oriente Medio vuelve a sacudir un sector siempre sensible a momentos de inestabilidad internacional. En apenas unos días, agencias, DMC y organizadores de incentivos empiezan a medir el impacto de la crisis. De momento, el diagnóstico es prudente: el impacto es limitado. El sector observa, espera y gestiona incidencias muy concretas mientras intenta anticipar qué puede ocurrir si la situación se prolonga. Las primeras consecuencias se dejan sentir en las operaciones internacionales, tanto en el negocio outgoing y en la conectividad aérea hacia Asia y Oriente Medio, como en el incoming, donde España se ve afectada por cancelaciones de grupos asiáticos, pero también se beneficia de su estatus de territorio percibido como seguro en un mundo convulso.

Operaciones en marcha y grupos en el aire 

Que no cunda el pánico: en el corto plazo, el impacto es limitado. Sin embargo, la situación evoluciona prácticamente día a día y muchas decisiones operativas dependen de cómo avanza el conflicto. 

Según explica Iñaki Collado, presidente de la asociación de agencias de incentivos Idemice, algunas operaciones previstas en la región han tenido que cancelarse o adaptarse. Los grupos que se encontraban en Omán, por ejemplo, pudieron regresar sin incidencias, pero las operaciones previstas en Emiratos finalmente se cancelaron. 

Más allá del destino en sí, el problema no siempre está en el país donde se celebra el evento, sino en el camino para llegar hasta allí. El cierre o la restricción de algunos espacios aéreos está complicando los itinerarios internacionales, especialmente los que dependen de los grandes hubs del Golfo, que hoy concentran un tráfico considerable. 

Las aerolíneas Emirates, Qatar Airways o Etihad son conexiones habituales para viajar a Asia desde Europa. Cuando estas rutas se ven afectadas, muchos itinerarios dejan de ser viables. Según Collado, operaciones hacia destinos como Tailandia se están viendo directamente impactadas porque el vuelo previsto con escala en Dubái, Abu Dhabi o Doha ya no puede realizarse. 

Además, la situación en el aeropuerto de Dubái refleja bien esta volatilidad. Tras un cierre total durante el fin de semana, el tráfico se ha reanudado parcialmente, aunque con riesgo de nuevas cancelaciones o alteraciones que complican la planificación. 

Esta incertidumbre obliga a reorganizar viajes en muy poco tiempo o, en algunos casos, a cancelarlos directamente.  

España como destino alternativo 

En paralelo, empieza a aparecer un movimiento que el sector ya conoce bien. Cuando ciertas regiones se vuelven inestables, los organizadores buscan destinos percibidos como seguros y bien conectados. Y España suele aparecer en esa lista. 

Fay Taylor, presidenta de Spain DMCs, confirma casos de eventos que se han redirigido hacia el país. De momento son pocos, pero el movimiento existe. 

Tengo dos asociados que me han contestado que sí, que han recibido grupos que se han cambiado de destino y que vienen a España”, explica. 

El fenómeno aún es incipiente porque muchos eventos se planifican con meses o años de antelación. Además, la posibilidad de cambiar un destino depende mucho de las fechas. Cancelar un evento previsto dentro de unas semanas es más fácil que reorganizar uno previsto para otoño.  

Capacidad limitada para absorber más eventos 

Estos desvíos a España parecen positivos… pero tampoco existe una capacidad infinita para absorberlos. El país vive una fuerte presión turística y muchas ciudades están cerca de su límite en temporada alta. 

José Luis Vázquez (IAG7) recuerda que destinos como Barcelona, Madrid, Valencia o Málaga ya operan con niveles de ocupación muy altos durante varios meses al año; absorber grandes eventos adicionales no siempre es posible. 

Fuerza mayor y contratos en el punto de mira 

La crisis vuelve a poner sobre la mesa un tema que el sector conoce bien desde la pandemia: la interpretación de la fuerza mayor. 

En teoría, la legislación contempla esta figura para situaciones extraordinarias que impiden prestar un servicio. En la práctica, todo depende del momento, del contrato firmado y del proveedor implicado. 

Fay Taylor recuerda que el argumento de la fuerza mayor tiene límites.

“Cancelar convenciones de octubre ahora mismo no es fuerza mayor porque no sabemos qué va a pasar en octubre”, explica. 

No existe una definición clara sobre el horizonte temporal en el que puede invocarse esta figura. En la práctica, muchos hoteles gestionan estas situaciones caso por caso, dependiendo del cliente, del momento de la cancelación y de un factor clave: si el evento ya está pagado o no. Si no lo está, resulta más difícil exigir el pago en un contexto de incertidumbre. 

Además, cada proveedor puede interpretar las cláusulas de forma distinta. Collado explica que las agencias a menudo quedan atrapadas entre la normativa europea y las condiciones de los proveedores internacionales con los que trabajan. Incluso cuando las circunstancias son claramente extraordinarias, no siempre se facilita la devolución de importes o la cancelación sin costes. 

Es una asimetría que genera tensiones frecuentes en la operativa del sector. En la práctica, las agencias acaban actuando como intermediarios que absorben buena parte de la presión y del riesgo económico. 

El sector paga también una informalidad frecuente: en muchos casos la confianza entre agencia y cliente lleva a que no se firme un contrato que aclare las condiciones de cancelación… mientras que la agencia sí tiene compromisos contractuales con hoteles, aerolíneas u otros proveedores, generando un desequilibrio. 

Si no existe un contrato claro con el cliente, explica Collado, puede entrar en juego la normativa de viajes combinados. Esto implica que, por ejemplo, ante la cancelación de un vuelo, la agencia podría verse obligada a asumir determinados costes adicionales, como alojamiento o manutención, si el viajero queda bloqueado en destino. 

Sin embargo, Collado recuerda que muchas operaciones MICE se desarrollan en un contexto estrictamente empresarial y no deberían tratarse como viajes turísticos convencionales. 

“Las agencias de incentivo trabajamos en relaciones B2B entre empresas, organizando experiencias corporativas complejas. Por eso es importante recordar que el propio artículo 150 de la Ley General para la Defensa de los Consumidores contempla excepciones cuando se trata de operaciones organizadas en el marco de una relación profesional”, explica. 

En su opinión, el reto del sector pasa por reforzar la seguridad jurídica y clarificar mejor estos marcos contractuales, evitando que una actividad empresarial estratégica termine sometida a una normativa pensada para el turismo vacacional. 

Un mercado que ya estaba tenso 

Más allá de las cancelaciones puntuales, muchos profesionales creen que el impacto real llegará si el conflicto se prolonga. 

José Luis Vázquez, de IAG7, advierte de que el sector ya operaba con un mapa de destinos cada vez más reducido antes de esta crisis. 

“Ya teníamos pocos destinos a donde ir. Muchos eventos van a, o pasan por, Oriente Medio y ahora eso se complica”, señala. 

Además, algunos mercados ya estaban perdiendo atractivo por motivos políticos o regulatorios, lo que aumenta la presión sobre los destinos alternativo 

Wait and see 

Más que cancelaciones masivas —salvo los grupos inminentes o ya en destino—, lo que se percibe en el sector es una pausa en las decisiones. 

Una cadena hotelera explica que suele recibir unas 200 peticiones diarias, una cifra que la semana pasada cayó más de un 35%. Para muchos profesionales es una señal clara de que los clientes prefieren esperar a ver cómo evoluciona la situación antes de confirmar nuevos proyectos. 

Este mismo patrón empieza a observarse también en las DMC, donde varias empresas reportan una disminución en las solicitudes de propuestas para eventos futuros. En momentos de gran incertidumbre, las empresas prefieren aplazar decisiones antes de comprometer presupuestos para eventos corporativos. 

Los efectos, por tanto, podrían ser más visibles a medio y largo plazo que de forma inmediata. 

El verdadero riesgo: inflación y petróleo 

Si la guerra se prolonga, el impacto podría llegar por otro lado. No tanto por la inseguridad para viajar, sino por las consecuencias económicas. 

El precio del combustible es uno de los primeros indicadores. Si el conflicto dispara el petróleo de forma duradera, los costes del transporte acabarán aumentando. 

Collado lo resume con claridad. “

El problema está más en la inflación prevista y en la subida de precios que en la inseguridad del destino”, afirma. 

A esto se suma el encarecimiento general de la logística y de la producción empresarial. Si los costes suben de forma significativa, muchas compañías podrían recortar presupuestos de eventos, incentivos o convenciones. 

Vázquez lo plantea de forma directa: si la guerra se prolonga, el verdadero riesgo es que “las empresas no tengan manera de mantener sus convenciones o sus gastos”. 

En paralelo, algunas empresas de transporte ya están avisando de posibles revisiones de tarifas. Si el precio del combustible no se estabiliza, podrían verse obligadas a modificar tarifas ya confirmadas para grupos previstos en el corto plazo 

Un sector acostumbrado a reaccionar 

De momento, el sector observa la evolución del conflicto con cautela. Una semana es demasiado poco tiempo para medir impactos estructurales. 

La experiencia reciente demuestra que el turismo y los eventos tienen una gran capacidad de recuperación. Los destinos que sufren crisis suelen recuperar la confianza relativamente rápido una vez que la situación se estabiliza. 

La incógnita es cuánto durará esta vez la incertidumbre. En el negocio de los eventos, donde muchas decisiones se toman con años de antelación, esa incertidumbre pesa tanto como cualquier bomba.  

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