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¿No necesitamos competencia?

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Eric Mottard
Resiste a tu tendencia de poner más cosas en tu evento Cómo hablar para convencer en tus eventos  Las 5 fuerzas de Porter y las agencias de eventos
Ha pasado lo mismo en las dos mayores ciudades españolas. Tras la decisión de dar a IFEMA la gestión del Palacio Municipal de Congresos de Madrid (y pronto, la del Palacio de Congresos de la Castellana), centralizando así en un único operador los principales grandes espacios de la ciudad, llega la misma decisión a Barcelona: Fira se hace con la gestión del CCIB. ¿Buena noticia? Mmm…

Ante todo, aclaremos una cosa: no se trata de cuestionar la profesionalidad de IFEMA y de Fira, entidades de referencia a nivel internacional en el campo congresual y de grandes eventos (no se consiguen de forma repetida los mega congresos que estos dos recintos acogen, sin ofrecer un buen servicio). Hemos entrevistado a muchos grandes OPC, sociedades médicas y corporativos y solemos preguntarles la calidad de su experiencia en España. La calidad profesional de nuestras grandes instituciones feriales no se cuestiona. 

Pero, pero… tomar una decisión que suponga que a efectos prácticos, alguien que quiere hacer un evento muy grande en una de las dos mayores ciudades tenga en frente a un proveedor único, parece una decisión atrevida. Cualquier libro de economía, y simplemente la observación histórica de cómo acaba casi cualquier monopolio, no sugiere que esta centralización en un gran actor por ciudad sea buena a medio plazo. La competencia fuerza a innovar, a ser competitivo en precios, a moverse mucho comercialmente. ¿Ya no la necesitamos? 

Sorprende especialmente el caso del CCIB, sin duda una success story internacional en materia de gestión de centros de convenciones, una actividad notoriamente complicada de rentabilizar y que el CCIB consiguió sacar adelante, aportando además beneficios para la ciudad. ¿Qué papel habrá tenido la política, el hecho de que un activo de la ciudad sea gestionado por una empresa privada, extranjera además? SI fuera el caso (hipotético), sería una preocupante victoria de la ideología fácil contra el pragmatismo. 

Claro: podemos decir que sí que hay competencia, que un congreso médico internacional elige entre varias ciudades y si tiene mal servicio en España, se irá a otro sitio con lo cual los recintos no se pueden relajar. Pero una parte importante de los eventos se tienen que hacer en una ciudad definida, y no ofrecerles alternativas es un retroceso en la libertad de los organizadores de eventos. En una época además, en la cual en eventos médicos, el standalone está creciendo mucho en comparación con el congreso, cualquier decisión que afecte la competitividad de los recintos es mala noticia. 

Todo esto es un “miedo preventivo” más que una afirmación clara de que esta competitividad bajará. Repito que los dos gigantes son entidades de referencia. Pero es complicado ver como una mejora para el sector esta hiper- concentración de poder en estas entidades semipúblicas.

Eric Mottard

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